Artículo publicado en el diario "La Religión" de Caracas, el día domingo 8 de Abril de 2001.

CONSIDERACIONES MÉDICAS ANTE LA EUTANASIA

Ante la diversidad de opiniones recientemente emitidas a través de los influyentes medios de comunicación, en donde se recogen algunas posiciones abiertas o solapadamente pro-eutanásicas, expresadas por juristas y otros intelectuales de nuestro país, me siento obligado como profesional de la medicina a tratar de aclarar aquellos conceptos y situaciones que pueden haberse prestado a confusión, y que como servidores de la vida conocernos, defendemos y manejamos con una frecuencia no conocida por el público, por el muy poco o ningún interés que nos produce su difusión pública, debido al respeto que el acto médico nos merece. En mi humilde opinión madurada por 25 años de actividad profesional, considero que en los actuales momentos resulta indispensable hacer algunas aclaratorias, en función de procurar desempañar el lente a través del cual unos pocos "entendidos", están enfocando de manera equivocada un tenla tan trascendental y delicado como es el de la vida,

Partiremos de la definición vigente para Eutanasia, proclamada ya desde el año 1980 por la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe, que dice: "Se define la Eutanasia como aquella acción u omisión que por su naturaleza, o en sus intenciones, procura la muerte, con el fin de eliminar todo dolor ". En ella nos sustentarnos y de ella obtenemos como médicos la clave para entender que, los límites reales para considerar un acto como eutanásico o no, están en la intención o intencionalidad del hecho. Si la intención del que pide, acepta o practica la Eutanasia es la de acabar con la vida, no importará la "noble causa" que la motive; ya que en pocas palabras estaríamos atentando contra el 5to.mandamiento de la ley de Dios, sustentando o cometiendo un vil asesinato.

Una vez clarificado el único y auténtico concepto del término Eutanasia, pierden toda su razón de ser, todas aquellas clasificaciones que tanto gustan a sus partidarios, y que se refieren al carácter activo o pasivo, directo o indirecto, voluntario o involuntario de] hecho, términos muy usados en la actualidad, y que consciente o inconscientemente solo buscan la justificación de lo injustificable. La gran diferencia para considerar una acción corno eutanásica o no, estriba pues en la intencionalidad de] sujeto que la teoriza, decide o practica. La intencionalidad eutanásica de "causar la muerte" resultará por supuesto radicalmente opuesta a la aplicada como verdadera conducta médica, fundamentada en: 1° El "respeto a la vida"- por lo que no utiliza medidas eutanásicas (ni activas, ni omisivas); 2° El "respeto a la muerte" -por lo que puede decidir suspender, o no iniciar aquellos tratamientos médicos que resulten desproporcionados-, en cuanto a su efectividad y costos para cada circunstancia en particular. De esta manera nuestra conducta se ajusta por entero a la norma moral proclamada ya por Pío XII, en lo referente al criterio de la 'no obligatoriedad" de utilizar o recurrir al uso de métodos extraordinarios (desproporcionados), para el tratamiento de los enfermos. Sobre este punto vale recordar la persistente obligatoriedad que "si" tenemos, que es la de mantener los cuidados médicos ordinarios hasta el final de la enfermedad. Por medios ordinarios mínimos (proporcionados) entendernos las actuaciones básicas (paliativas), que se refieren al mantenimiento de una adecuada alimentación y/o hidratación, transfusiones, inyecciones, mantenimiento de la permeabilidad de las vías (aéreas, etc.), cuidados de la superficie corporal y/o aseo corporal del enfermo.

Es en este punto referente a la suspensión de las medidas extraordinarias, donde muchos, intencional o accidentalmente confundidos en el campo de las terminologías, o por el poco conocimiento de la doctrina, equivocadamente parecen entender que la omisión de las medidas desproporcionadas sería una eutanasia pasiva. 0 en el otro extremo, que al negarse la Iglesia a aceptar la eutanasia se está aprobando o promoviendo el uso de medidas desproporcionadas, inútiles y onerosas que harían indigno el sufrimiento terminal (identificando ilegítimamente, muerte digna con eutanasia); nada más distante, cuando la intención del acto médico es la de reconocer con humildad nuestra humana limitación ante una situación de enfermedad que lleva un claro e irremediable curso hacia la muerte del paciente. Esta sería una muerte causada por la enfermedad; muerte que no deseamos y que mucho menos procuramos, pero que "sí" debemos acompañar con valentía con nuestra presencia física y la administración de los cuidados ordinarios, hasta el desenlace final científicamente comprobado.

Como médicos, nuestra noble misión hipocrática es, y deberá seguir siendo, siempre la de defender la vida, procurar la salud, aliviar y acompañar al enfermo, desenvolviéndonos así ante la muerte en el terreno que los semánticos denominan ortotanasia o el de la conducta equilibrada ante la muerte, evitando caer en los dañinos extremos del ensañamiento terapéutico, que consistiría en utilizar o querer prolongar a toda costa las medidas extraordinarias (consideradas desproporcionadas para las circunstancias del paciente y de su enfermedad); o en el caso extremo contrario, negarse a usar los analgésicos y/o sedantes necesarios, cuando éstos se justifiquen. Su aplicación deberá corresponder a los debidos criterios de proporcionalidad para su adecuado uso y dosificación.

Para nosotros resulta totalmente inaudito el solo hecho de pensar en que alguien quiera involucrarnos, tanto humana como profesionalmente, en un asunto tan aberrante como lo sería la despenalización o legalización de la eutanasia en Venezuela, por la que se pretendería usurpar o desconocer algo tan preciado como es la rectitud de las conciencias que han orientado el acto médico -realizado con pulcritud científica- a través de todos los años de la historia de la medicina.

El querer hacemos caer en el fangoso terreno de las legislaciones permisivas, en donde el criterio de nuestra sana intencionalidad nunca podrá ser comprendido, abriría de inmediato las puertas a situaciones impredeciblemente abusivas, en las que aparte de truncarse la auténtica e indispensable relación de confianza del paciente con el médico, violarían la ley divina y ofenderían la dignidad de la persona, atentando contra la vida y la humanidad.

La terrible connotación actual de la palabra Eutanasia desaparecería del mundo si todos los médicos nos mantuviéramos firmes en los criterios de verdad, respeto, cercanía y solidaridad para con el enfermo, en especial en sus fases terminales, ya sea que este se encuentre en el hospital o en la casa, esto sería posible a través del cuidado paliativo integral, compartiendo y buscando el mutuo conocimiento del verdadero sentido del sufrimiento, el adecuado tratamiento del dolor (tantas veces más de orden afectivo, que propiamente físico), evitando siempre caer en la traicionera manipulación semántica pro-eutanásica, promovida a través del subjetivismo de los términos empleados, como es el caso de la tan promocionada "calidad de vida".

En fin, considerarnos que la eutanasia es la gran derrota del que la teoriza, la decide o la practica. Puede entenderse como un acto de autocompasión y de fuga, individual y social, de esa situación de muerte inminente, que nuestra actual cultura del placer considera insostenible.

Para la ciencia médica la experiencia en los escasos dos países del mundo (Holanda y Australia), donde ésta conducta deplorable ha sido despenalizada y/o legalizada, marca un momento de decadencia y de abdicación del hombre, además de entrañar una gran ofensa a la dignidad del enfermo, minusválido o moribundo, ra de su persona, a la que se irrespeta sobremanera en el momento más íntimo y trascendental de la vida de cualquier ser humano: "el encuentro final y definitivo con el Creador".

Dr. Luis José Itriago Pels

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Esquema para una charla sobre Eutanasia.

DEFINICION:

Acción u omisión que por su naturaleza, o en sus intenciones, procura la muerte, con el fin de eliminar todo dolor. (Con. Doc. de la Fe, l98O)

TÉRMINOS:

Voluntaria: a solicitud del enfermo (terminal). Puede bien llamarse "homicidio por requerimiento" o "suicidio profesionalmente asistido".

Involuntaria: sin el consentimiento del sujeto (enfermo) o en personas imposibilitadas de darlo (ancianos, incapacitados mentales, niños con taras genéticas), en cuyo caso se puede dar el "homicidio por acuerdo de las partes".

LA RAZON DE SU ACTUAL SUPUESTA POPULARIDAD:

NUESTRA POSICION:

Requerimientos:

ESTAMOS OBLIGADOS A DEMOSTRAR SOBRE SU LEGALIZACION QUE:

NUESTRAS PROPUESTAS:

ELEMENTOS PARA UNA BUENA ASISTENCIA PALIATIVA:

TEMAS A DISCUTIR CON LOS PARTIDARIOS DE LA EUTANASIA:

  1. Variabilidad individual de percepción y aceptación.
  2. Dolor físico v.s. Tristeza ante la muerte (Soledad). Agonía.
  3. Etapas psicológicas: Negación-Cólera-Negociación-Depresión-Aceptación, (fases generalmente comunes en el enfermo terminal y descritas por E. Kübler-Ross en su obra sobre la muerte y los moribundos, en l969).

Opciones:

BASAMENTOS EQUIVOCOS DE LOS PARTIDARIOS DE LA EUTANASIA:

LA AUTODETERMINACION.

  • Consiste en la creencia de que la persona puede decidir lo que quiere, pase lo que le pase.

    Esto choca contra los legítimos derechos de los demás; las decisiones tomadas por iniciativa propia, bien o mal aconsejadas, podrían no ser las más adecuadas, y sus consecuencias irreparables. Resulta absurdo que se reclame la autodeterminación

    para el enfermo y se le quite la del médico; si en realidad hubiere derecho a la autodeterminación, se debería autorizar hasta el absurdo total del acto suicida. El principio de autonomía, por el que el sujeto tendría derecho a disponer de manera absoluta de su propia vida, frecuentemente aducido para respaldar la eutanasia, solo tiene justificación en cuanto al derecho del paciente de poder decidir si sigue o no un determinado tratamiento.

  • LA CALIDAD DE VIDA.

    Concepto subjetivo y muy manipulable, que en muchos de los casos no tendría relación con la integridad corporal, como lo demuestran inválidos e incapacitados con excelente desenvolvimiento actual en su vida diaria.

    EL BIEN SOCIAL

    Justificación usada para la eutanasia involuntaria, argumentada en el bien común de los

    demás (familia/sociedad) en su conjunto, medido en términos de amenaza a la estabilidad emocional del grupo, o a los gastos económicos que este tipo de enfermos ocasiona.

    LA SOBERBIA

    Lamentable y escondida justificación final. El poder controlar y elegir cuando, donde y como morir, como queriendo hacerse dueño de este último acto, evitando el incomprendido sufrimiento físico y moral, y tomando una propia decisión en función de lo que para ellos sería una buena calidad de vida.

    CONCLUSIONES: LA EUTANASIA

    NUESTRA POSICION FINAL:

     

    BIBLIOGRAFIA:

    Juan Pablo II, Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración IURA ET BONA (5-5-1980)

    Pollard B, Eutanasia, (Ed. Rialp, 1989)

    Sgreccia E., Manual de Bioética, (Ed.Diana,1996)

    Dr. Luis José Itriago Pels.

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