LECTURA RECOMENDADA

LA VIRGEN DEL BUEN SUCESO

 
 

 

En el Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito, perteneciente a la Orden Franciscana, la Virgen bajo la advocación de María del Buen Suceso se le apareció en cinco ocasiones a la Sierva de Dios Mariana Francisca De Jesús Torres y Berriochoa[16]: el 2 de febrero de 1594, el 6 de enero de 1599, el 2 de febrero de 1610, el 2 de febrero de 1634 y el 8 de diciembre de 1634. En cada una de las apariciones la Virgen le reveló sendos mensajes:

“Soy María de El Buen Suceso, la Reina de los cielos y la tierra. Precisamente porque eres alma religiosa, amante de Dios y de tu Madre que te habla, he venido desde el cielo a consolar tu afligido corazón”.

Por la salvación de los pecadores:

“Yo sacaré a las almas del abismo de sus culpas y Dios será glorificado en ellas”.
“Yo soy poderosa para aplacar la Justicia Divina y alcanzar piedad y perdón a toda alma pecadora que acuda a Mí con contrito corazón, porque soy la Madre de la Misericordia y en Mí no hay sino bondad y amor”.

 
 
 


 

 

“Duélete, hija mía, y llora por tus incautos hermanos los pecadores, exigiendo de Dios y Redentor que envíe a sus almas, muy particulares y eficaces gracias, capaces y poderosas para sacarlas del abismo oscuro del pecado en que yacen”.

A las hijas de su amado monasterio:
“Cuando las tribulaciones del cuerpo o del espíritu las agobien y parezcan que naufragan en ese mar sin fondo: una mirada a mi santa imagen será para ellas como la estrella del náufrago, siempre me tendrán presta a oír sus gemidos y acallar su llanto. Diles que acudan siempre a su Madre con fe y amor”.


“Diles que imiten mi humildad, mi obediencia, mi espíritu de sacrificio y mi absoluta dependencia de la Voluntad Divina”.

También la Virgen prometió a Mariana Francisca de Jesús dar su protección perenne a la Obra:

“En el brazo derecho tengo el báculo que ves, porque quiero yo gobernar este mi Monasterio como Prelada y Madre”.

“Te hago saber que mi amor maternal velará sobre los Conventos de toda la Orden de mi Inmaculada Concepción, porque esta Orden me dará mucha gloria en santas hijas que tendrá; y con especialidad cuidaré de los Conventos fundados en estas tierras por mis hijas de esta Casa”.

 
 
 


 

 

 

LA VIRGEN DEL BUEN SUCESO

Sin entrar en detalle, respecto a las revelaciones y experiencias que tuvo Mariana Francisca de Jesús, dejaré que sea ella misma, quién nos dé a conocer su pensamiento mariano, tan delicadamente expuesto en una de las partes de su testamento espiritual que dirigió a su comunidad antes de morir:

“Amad mucho a la Virgen Santísima, imitad sus virtudes, sobre todo su humildad profunda, su ardiente amor a Dios y a los pobres pecadores; el amor mutuo, la sencillez y candor infantil; que no haya dobleces ni hipocresías en vuestras almas; conservad y propagad su culto bajo la tierna advocación de El Buen Suceso que con ella conseguiréis cuanto pidáis a Jesús y María; pero sabed hijas queridas, que vendrá el tiempo en el que, descuidándose el culto de María Santísima Madre de el Buen Suceso, casi no se hará mención del él. Entonces yo me postraré en el Cielo ante el Trono de María y conseguiré de su maternal Corazón, que se digne bajar nuevamente a este mi querido Convento y favoreciendo a una de mis venideras hijas con muchas manifestaciones, a la cual yo misma prepararé su alma y vocación desde sus tiernos años para recibir gracias tales; ella siendo Prelada, levantará el culto caído el que se conservará ya sin decaer por completo.

Sabed también hijas y hermanas de todos los tiempos, que la Santa Imagen es consagrada con Óleo Santo y que la cuidan los tres Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, a fin de que la sierpe traidora no le haga daño, porque viéndose oprimida y quitada muchas almas por esta devoción y advocación, intentará siempre hacerla pedazos, pero ¡vanos intentos! Dios cuida de sus obras; mas vosotras cuidad también con esmero vuestro propio tesoro y hacerla conocer y amar de cuantas almas podáis, asegurándoles que siempre, con su devoción conseguirán buenos sucesos para el tiempo y para la eternidad; acudid a Ella en todas vuestras necesidades espirituales y temporales cuando vuestras almas se hallen sufriendo tentaciones, amarguras y si la estrella de la divina vocación, por permisión divina, se esconde de la vista de vuestra alma, recurrid a Ella con confianza y decidle: Estrella del mar proceloso de mi mortal vida, alúmbreme tu luz para no errar el camino que al Cielo me conduce”.

Este Artículo fue extraído del libro: María, Reina, Señora y Madre. De Santiago Vanegas Cáceres, con autorización para ser publicado en este espacio Web. Webmaster Jesús Andarcia.

 

 
         
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