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Olivia Villoria Quijada (Psicóloga) / oliviavilloria@cantv.net :::::::::::

Cuentos de ayer  
Yo creo que el origen del cuento es tan antiguo como el origen del lenguaje, por la sencilla razón de que a la gente siempre le ha gustado narrar cosas e interesarse por lo que le relatan. Entonces, no resulta descabellado imaginar a Eva contándole cuentos a sus hijos Caín, Abel, Enoc y Set.

Así como el cuento es antiguo en la historia de la humanidad, lo es en el desarrollo individual del ser humano. En efecto, por su aparición temprana parecieran ser instintivos en el niño (aunque son aprendidos) la atracción por el baile y el interés por escuchar cuentos; si no, observen a un bebé cuando escucha música, miren a un pequeñito cuando se va a acostar. Cuando una persona nos parece rígida decimos: “no lo bailaron cuando era chiquito”, lo mismo podríamos decir de alguien poco creativo: “no le echaron cuentos cuando era chiquito”. Así reconocemos la influencia positiva de ambas conductas.

Para mí ciertas frases son mágicas: “érase una vez”, “había una vez”, “cuentan que un día” (“cuéntamelo todo”, decimos ahora). Ellas nos preparan para escuchar algo emocionante, ingenioso, divertido. Cuando era niña, yo tenía –al igual que todos los niños- una fascinación especial por los cuentos. Me gustaba, junto con mis siete hermanos, que mi mamá nos narrara cuentos, de esa manera especial que ella tenía (y tiene) para hablar: sabroso, con entusiasmo, generando interés.

Yo tenía preferencia por dos cuentos. Me gustaban tanto que pedía que me los repitiera una y otra vez. “Porque el Ratón Pérez se cayó en la olla y la Cucarachita Martínez lo siente y lo llora” era uno. ¿Lo recuerdan? El otro se refería al temor de un pollito a quien le cayó encima algo y él pensó que era un trozo de cielo. Muy preocupado, reunió a todos los animales narrándoles el hecho hasta descubrir, finalmente, que lo que le había caído era la hoja de un árbol. Tremenda enseñanza, ¿verdad?

Nunca he escrito un cuento infantil. Cuando lo haga incluiré -además de otras cosas, obviamente- muchos coquitos, así como algunos escritores incorporan chocolates y caramelos. De niña me gustaban tanto esos dulces que ante la clásica pregunta: ¿qué quieres ser cuando seas grande? respondía: “vendedora de coquitos” (creía que así garantizaba que dispondría de ellos toda la vida). También: “novelista famosa como Rómulo Gallegos” (de un tiempo acá estoy haciendo algunos pininos en la escritura creativa pero lo que se me da mejor es el relato y el ensayo); “periodista como mi papá” (él me dijo lapidariamente: no hija, se va a morir de hambre. Aunque extremadamente flaca, lo era más bien por aversión a la comida que por carencia de ella); “bailarina de ballet clásico” (sólo alcancé a vestirme dos veces en los carnavales con un traje de bailarina color azul, de tul). Estaba en la etapa que los psicólogos llaman “de la fantasía”.

No se me ocurre más nada que contarles así que, por lo pronto, colorín coloráo, este cuento se ha termináo...●
 

 

 

 

 

 


“Para mí ciertas frases son mágicas: 'érase una vez', 'había una vez', 'cuentan que un día' ('cuéntamelo todo', decimos ahora)”

 

 


 

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