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- ¡Ramón!, ¡Ramón!,
¡despierta hijo!, ¡levántate!
Esta frase se repite en su mente hasta cuando está en su séptimo
sueño.
- ¡Ramón!, ¡Ramón!, ¡despierta hijo!, ¡levántate!
Y es que es verdad: Debe levantarse.
- Ya voy –respondió soñoliento y pesado.
- ¡Se hace tarde hijo! Yo me voy, la patrona quiere que llegue media
hora antes. Sobre la mesa te dejé leche y pan. Con lo que ganes hoy,
compra un poco de jamón.
Le dio un beso en la frente y se fue.
Ramón salió momentos después, miraba su entorno: Caracas, la ciudad
agresiva, ruidosa y soleada de todos los días. En el bulevar se
encontró con Teresita, una vecina.
- ¡Hola Ramón! ¿Me das una limpiadita? Si me dan el trabajo, bueno,
si me escogen en la entrevista que tengo hoy...
- Está bien Tere, no te preocupes, seguramente al verte ¡te darán el
trabajo!
Desde una cafetería cercana le llegaba un aroma exquisito de café y
cachitos de jamón. “El jamón, que no se me olvide el jamón”.
- Hola Don Lucrecio ¿cómo está?, mi mamá le manda a decir que este
mes le paga todo.
- ¡Ah! Dile a tu madre que yo espero, pero también me desespero...
Mientras tanto, ¡dame una limpiadita ahí!
Pasado el mediodía, la competencia entre los limpiabotas es muy
difícil, y todos pregonan su servicio: “¡Limpiecitos,
limpiecitos...como nuevecitos!”, gritaba uno. “¡Como espejos se los
dejo!”, decía otro. “¡Servicio barato, barato!”, agregaba otro chico
inmediatamente.
Al caer la tarde, Ramón pescó un cliente finalmente: “¡Pero me haces
una rebajita chamo!”.
Ramón contó las monedas que había ganado, no le alcanzaba ni para
comprar 100 gramos de jamón. Al llegar a su barriada, encontró a su
amiga Inesita sentada en la escalera.
- ¿Qué te sucede Inés, por qué lloras?
- El dueño nos mandó a desocupar por tercera y última vez... ¿Qué
podemos hacer?, ¡nada podemos hacer...! –le responde entre sollozos.
- No llores... toma, compra algo para comer.
Cuando Ramón volvió a su casa, percibió un rico olor de arepas.
- Hola Mamá, humm... ¡qué bien huele!
- ¿Compraste el...?
Ramón la interrumpió: “No mamá, traje tristeza y un poco de hambre,
que seguramente con las arepas ¡sabrán muy ricas!”.● |
“(...) miraba su entorno: Caracas, la ciudad agresiva, ruidosa y
soleada de todos los días”
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