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Reflexiones

Alix E. Fazio Rosales / rosalix@yahoo.com :::::::::::

Una jornada normal  

- ¡Ramón!, ¡Ramón!, ¡despierta hijo!, ¡levántate!

Esta frase se repite en su mente hasta cuando está en su séptimo sueño.

- ¡Ramón!, ¡Ramón!, ¡despierta hijo!, ¡levántate!

Y es que es verdad: Debe levantarse.

- Ya voy –respondió soñoliento y pesado.

- ¡Se hace tarde hijo! Yo me voy, la patrona quiere que llegue media hora antes. Sobre la mesa te dejé leche y pan. Con lo que ganes hoy, compra un poco de jamón.

Le dio un beso en la frente y se fue.

Ramón salió momentos después, miraba su entorno: Caracas, la ciudad agresiva, ruidosa y soleada de todos los días. En el bulevar se encontró con Teresita, una vecina.

- ¡Hola Ramón! ¿Me das una limpiadita? Si me dan el trabajo, bueno, si me escogen en la entrevista que tengo hoy...

- Está bien Tere, no te preocupes, seguramente al verte ¡te darán el trabajo!

Desde una cafetería cercana le llegaba un aroma exquisito de café y cachitos de jamón. “El jamón, que no se me olvide el jamón”.

- Hola Don Lucrecio ¿cómo está?, mi mamá le manda a decir que este mes le paga todo.

- ¡Ah! Dile a tu madre que yo espero, pero también me desespero... Mientras tanto, ¡dame una limpiadita ahí!

Pasado el mediodía, la competencia entre los limpiabotas es muy difícil, y todos pregonan su servicio: “¡Limpiecitos, limpiecitos...como nuevecitos!”, gritaba uno. “¡Como espejos se los dejo!”, decía otro. “¡Servicio barato, barato!”, agregaba otro chico inmediatamente.

Al caer la tarde, Ramón pescó un cliente finalmente: “¡Pero me haces una rebajita chamo!”.

Ramón contó las monedas que había ganado, no le alcanzaba ni para comprar 100 gramos de jamón. Al llegar a su barriada, encontró a su amiga Inesita sentada en la escalera.

- ¿Qué te sucede Inés, por qué lloras?

- El dueño nos mandó a desocupar por tercera y última vez... ¿Qué podemos hacer?, ¡nada podemos hacer...! –le responde entre sollozos.

- No llores... toma, compra algo para comer.

Cuando Ramón volvió a su casa, percibió un rico olor de arepas.

- Hola Mamá, humm... ¡qué bien huele!

- ¿Compraste el...?

Ramón la interrumpió: “No mamá, traje tristeza y un poco de hambre, que seguramente con las arepas ¡sabrán muy ricas!”.●

 

 

 

 

 

 


“(...) miraba su entorno: Caracas, la ciudad agresiva, ruidosa y soleada de todos los días”


 

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