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DIA 8
En el nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Saludo a la Virgen Inmaculada
Salve Reina de los Cielos...
El 2 de marzo, Bernardita fue de nuevo a ver al párroco de
Lourdes, recordándole la petición de la Virgen de levantar un
Santuario en el lugar de las apariciones. El párroco le contesto
que era obra del Obispo quien ya estaba enterado de la petición
y sería el encargado de poner por obra el deseo celestial de la
Visión.
Ultimo día, 4 de marzo, siguiendo su costumbre, Bernardita,
antes de dirigirse a la gruta, asistió a la Santa Misa. Al final
de la aparición, tuvo una gran tristeza, la tristeza de la
separación. ¿Volvería a ver a la Virgen?
La Virgen siempre generosa, no quiso que terminara el día sin
una manifestación de su bondad: un gran milagro, un milagro
maternal, coronación de la quincena de apariciones. milagro: un
niño de dos años estaba ya agonizando, se llamaba Justino. Desde
que nació tuvo una fiebre que iba poco a poco desmoronando su
vida. Sus padres, ese día, lo creían muerto. La Madre en su
desesperación lo tomó y lo llevó a la fuente. El niño no daba
señales de vida. La madre lo metió 15 minutos en el agua que
estaba muy fría. Al llegar a la casa, notó que se oía con
normalidad la respiración del niño. Al día siguiente, Justino se
despertó con tez fresca y viva, sus ojos llenos de vida,
pidiendo comida y sus piernas fortalecidas. Este hecho
conmocionó a toda la comarca y pronto a toda Francia y Europa;
tres médicos de gran fama certificaron el milagro, llamándolo de
primer orden.
Entonces el gobernador de Tarbes, ciudad a la que pertenecía
Lourdes, reunió a todos los alcaldes de la zona para dar
instrucciones precisas de prohibir de inmediato la asistencia a
la gruta de todo ciudadano. Todo fue en vano, cada día acudían
mas peregrinos de todas partes.
No obstante las persecuciones, las burlas y las injurias,
Bernardita continuaba visitando la Gruta. Iba a rezar el Rosario
con los peregrinos. Pero la dulce visión no aparecía. Ella ya
estaba resignada a no volver a ver a la Virgen.
El 25 de Marzo, día de la Anunciación, Bernardita se sintió
fuertemente movida a ir a la Gruta; muy contenta obedeció ese
llamado en su corazón, y se fue inmediatamente hacia la Gruta.
Como era una fecha solemne, los peregrinos tenían la esperanza
de que la Virgen se aparecería y cuando llego Bernardita se
asombró de la cantidad de personas que encontró. Fue este día
25, en la historia de las apariciones, un día de gloria.
Bernardita volvió a preguntarle a la Señora.."quieres tener la
bondad de decirme quien eres y cual es tu nombre?" (la visión
resplandecía mas que nunca; sonriendo siempre, y siendo su
sonrisa la única respuesta.)
Bernardita insistió..."¿quieres decirme quien eres?, te lo
suplico Señora Mía".
Entonces la Señora apartó su vista de Bernardita, separó sus
manos, hizo deslizar en su brazo el rosario que tenía en sus
dedos, levanto a un mismo tiempo sus manos y su cabeza radiante,
en tanto que sus manos se juntaron delante del pecho, su cabeza
se afirmo y, mas resplandeciente que la luz del sol, dirigida la
vista al cielo dijo: "YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN", y así
desapareció, dejando en Bernardita esta imagen y ese nombre.
Bernardita, oía por primera vez esas palabras. Mientras se
dirigía a la casa parroquial, para contarle al párroco (ya que
este le había dado el encargo de preguntar a la visión como se
llamaba), iba ella por todo el camino repitiendo "Inmaculada
Concepción", esas palabras tan misteriosas y difíciles para una
niña analfabeta.
Cuando el párroco oyó el relato de Bernardita, quedó asombrado.
¿Como podía una niña sin ninguna instrucción religiosa saber el
dogma que solo unos cuatro años antes había la Iglesia
promulgado? En 1854, el Papa Pío IX había definido el dogma de
la Inmaculada Concepción.
El sacerdote comprobó que Bernardita no se había engañado, era
ella, la Virgen Santísima, la soberana Madre de Dios quien se le
aparecía en la Gruta.
La Señora que empezó a salir al encuentro de Bernardita, ha
desvelado su nombre: Yo soy la Inmaculada Concepción. María
libre de pecado original, que ha servido de tabernáculo al Dios
hecho hombre, la Virgen sin mancha, la singular doncella, se
aparece en un cubil de cerdos a la niña más pobre y humilde de
Lourdes. “El que se humilla será enaltecido”
INTENCIÓN DE ORACIÓN: Roguemos para que sepamos ver día a día la
grandeza de Dios en las cosas más sencillas que nos rodean.
ORACIÓN FINAL Dios todopoderoso que cubres de bendiciones a los
pobres y sencillos y a los ricos los despides vacíos, ayúdanos a
estar cada día más volcados en el servicio a los demás y
concédenos por intercesión de la Virgen María de Lourdes cumplir
siempre tu voluntad.
Dios todopoderoso...
Padrenuestro, Ave María, Gloria
Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que
recurrimos a ti.
Nuestra Señora de Lourdes: Ruega por nosotros
Santa Bernardita: Ruega por nosotros
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