¿Quién es el
Verbo según Juan?
La piedra de toque para toda doctrina
por Eugenio Dayans
El mensaje de la Biblia es esencialmente Cristocéntrico (es decir, que Cristo es
el centro del mensaje, todo converge hacia El). Y una de las características de
todo error es que de un modo u otro tiende a mermar algo de la grandeza o
suficiencia de Cristo.
Se han introducido doctrinas que reconocen la grandeza dE:: la persona de Cristo
y en que El es mucho, pero no es todo, por cuanto empequeñecen su obra, diciendo
que es el Mediador, pero no es el único.
Otros dicen que Cristo salva, pero que es preciso guardar la Ley, como los
antiguos judaizantes que se oponían al apóstol Pablo y a quienes éste escribió
la carta a los Gálatas. De una manera u otra, pues, todos los errores atacan la
grandeza de Cristo, sea a su persona, sea a su obra. Por lo tanto,. cuando una
doctrina se nos abre paso para su consideración, preguntémonos: ¿Qué lugar ocupa
Cristo en ella?
Además, otro principio que hay que tener en cuenta para una recta interpretación
de la Biblia es que la Palabra de Dios forma una unidad. Toda la Biblia debería
ser leída a la luz de todo el contenido. No debemos desarrollar solamente una
parte en detrimento de las otras partes de la Escritura. Porque la Biblia es una
unidad perfecta.
En efecto: este sistema es el mejor medio que vemos y lo más práctico para
combatir las herejías, porque los argumentos bíblicos de los «Testigos de
Jehová» no resisten la interpretación total y objetiva de toda la Biblia.
Un tesoro de nuestra Fe
«En el principio era el Verbo, y el "Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios»
(Juan 1:1). Este texto es un verdadero tesoro para los creyentes cristianos por
su profundo contenido doctrinal. Con tan pocas palabras y con esta expresión tan
breve como sencilla, que constituye el prólogo de su Evangelio, el apóstol Juan
se remonta hasta la misma eternidad y afirma la existencia del Verbo en el mismo
tiempo a que se hace referencia en Génesis 1:1, cuando Dios creó los cielos y la
tierra.
El, el Verbo, ya existía cuando lo que no existía antes comenzó a existir. Su
existencia es, pues, sin principio: eterna. El Verbo no fue creado. Esta es una
deducción lógica de la declaración de Juan, y también es sugerida por el verbo
gramatical que se emplea, como veremos después.
Este texto de Juan 1:1 nos revela grandes verdades teológicas. Veámoslo:
a) La eternidad del Verbo. Es decir, su preexistencia: «En el principio era el
Verbo.»
b) La personalidad distinta del Verbo. O sea, su coexistencia. Y también su
relación única con Dios el Padre: «y el Verbo era con Dios».
c) La naturaleza y la esencia de la deidad del Verbo. Es decir, su
consustancialidad, la cual lleva inherente su propia divinidad: «y el Verbo era
Dios>>
Además, este versículo tan monumental refuta también de un solo golpe tres
graves errores:
a) «En el principio era el Verbo»: que por llevar intrínseca la Deidad misma,
derriba el ateísmo (refutando así a aquellos que niegan la existencia de Dios).
b) «y el Verbo era con Dios»: esta declaración va contra Sabelio (quien negaba
la distinción de Personas en la unidad de la Trinidad divina).
c) «y el Verbo era Dios»: se replica a Arrio (el cual negaba la deidad de
Jesucristo).
Una falsificación diabólica
Sin embargo, intencionadamente, la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas
Escrituras vierte Juan 1:1 de la siguiente manera:
«En (el) principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra
era un dios.»
Así, los llamados «Testigos de Jehová» tratan de demostrar que Cristo no es
Dios. Pero, ¿es admisible esta traducción textual que ellos presentan? No, si
nos atenemos a las reglas de la gramática griega y a los contextos bíblicos
correspondientes. Porque sólo el diablo puede tener un interés maquiavélico en
atacar la verdad más fundamental de la Biblia: la deidad de Jesucristo.
Análisis gramatical de Juan 1:1
Vayamos ahora al texto original. Mi Nuevo Testamento griego, basado en los
textos críticos del profesor Eberhard Nestle, de Westcott y Hort, y de Bernhard
Weiss, todos ellos reconocidas autoridades en el griego de los documentos novo
testamentarios, dice:
«En arkhe en ho Logos, kai ho Lagos en pros ton Theon, kai Theos en ho Logos.»
Voy a tratar de traducir lo más literalmente posible: «En principio era el
Verbo, y el Verbo estaba con elDios, y Dios era el Verbo.»
Aunque la segunda cláusula quizá podría traducirse mejor así:
«y el Verbo estaba junto al Dios» o «y el Verbo estaba con el Dios». Porque el
artículo masculino definido ton (el), que precede al primer nombre Dios es
acusativo.
Además, parece ser según algunos exegetas, que la idea literal del griego es que
el Verbo estaba «dentro de Dios», o más bien que estaba «habitando en Dios». Por
lo que a la luz de ello. y sin forzar la exégesis ni torcer la armonía de los
contextos correspondientes, la tercera cláusula invita a ser traducida
perfectamente de la siguiente manera: «y el Verbo era Dios mismo».
Ahora bien: los «Testigos de Jehová» argumentan de esta forma: el segundo nombre
Dios no va precedido de artículo determinado, y esto indica que no se trata del
mismo Dios. Por consiguiente. al escribirse la segunda vez el nombre de Dios sin
artículo, se nos enseña con respecto al Verbo que Juan se refería a un «dios» de
menor categoría. de calidad inferior y no igual al verdadero Dios.
Por otra parte -dicen-, existen copias de manuscritos griegos del Evangelio de
Juan, en los cuales el segundo nombre Dios de este texto aparece escrito con
inicial minúscula, lo que -siempre según ellos- viene a confirmar que el Verbo
era un «dios» de segunda clase.
Además, en la gramática griega no existen los artículos indeterminados; se
suponen cuando su morfología textual lo permite. Los nombres usados en griego
sin artículo, se traducen sin él o con el artículo indefinido. De ahí que, muy
arbitrariamente, y cegados por su propia interpretación convencional, los
«Testigos» hayan optado por traducir que «el Verbo era un dios».
Pero ese sistema de razonar es una hábil argucia, una artimaña sutil ideada por
los traductores de la versión Nuevo Mundo para atacar la divinidad de Cristo y
engañar así a quienes desconocen las reglas de la gramática griega. Porque, como
veremos a continuación, la distinción que se aduce de «el Dios» y «Dios»,
esgrimida para apoyar y justificar una traducción que carece de fundamento
escriturístico, no establece diferencia básica alguna en nuestro texto.
La gramática griega se distingue de la inglesa y de la española en varios
aspectos, y el uso del artículo es uno de ellos. Tanto en español como en inglés
existe el artículo definido el y el artículo indefinido un. En griego, por el
contrario, como ya hemos dicho, solamente existe el artículo determinado ho.
Asimismo, sabemos que una palabra acompañada del artículo definido (el), expresa
identificación; y una palabra acompañada del artículo indeterminado (un), es
indefinida.
Pero en griego no es así. La presencia del artículo en el idioma griego
identifica a la persona u objeto. La ausencia del artículo enfatiza la cualidad
de la persona u objeto. Aunque puede también omitirse el artículo en las
máximas, sentencias y expresiones de carácter general.
A continuación citamos la explicación que sobre el artículo griego aparece en Un
Manual de la Gramática del Griego del Nuevo Testamento, por H. E. Dana y Julius
R. Mantey:
«La función del artículo es señalar un objeto o llamar la atención a éste.
Cuando el artículo aparece, el objeto es ciertamente definido. Cuando el
artículo no se usa, el objeto puede o no ser definido... La función básica del
artículo griego es señalar la identidad individual» (pág. 137).
«Algunas veces, con un nombre que el contexto comprueba ser definido, EL
ARTICULO NO SE USA. Esto hace que la fuerza recaiga sobre el aspecto cualitativo
del nombre en lugar de su sola identidad. Un pensamiento puede concebirse desde
dos puntos de vista: 1) identidad, y 2) cualidad. Para indicar el primer punto
de vista, el griego usa el artículo; para el segundo, el anathorous (sin
artículo) es usado. También en expresiones que han sido tecnizadas o
estereotipadas, y en salutaciones, el artículo tampoco se usa» (pág. 149).
En conclusión: la gramática griega enseña que la ausencia del artículo no hace
al nombre necesariamente indefinido, por las siguientes razones:
a) El nombre en griego tiene definitividad intrínseca. b) Puede suprimirse el
artículo al lado de ciertos nombres comunes que designan seres únicos en su
especie y de NOMBRES PROPIOS.
c) Cuando un nombre se usa sin el artículo, el autor desea enfatizar la cualidad
o carácter de ese nombre.
d) Gramaticalmente, un predicado nominal formado por un verbo copulativo (ser o
estar) carece de artículo porque no lo necesita y este es precisamente el caso
de la oración sustantiva del verbo ser de Juan 1:1, donde el predicado «Theos»
es nominativo al igual que el sujeto «Logos» (*).
Por otra parte, la palabra Dios se escribe aquí sin el articulo masculino en
nominativo (ho), de que está habitualmente precedida, porque esta omisión se
imponía por tener, al propio tiempo, el sentido de un adjetivo, y el vocablo
desempeña en la frase el papel de atributo y no de sujeto (por las razones
gramaticales expuestas), no designando a la persona, sino -como ya se ha dicho-
la cualidad, el carácter, la esencia, la naturaleza de ella, que en el caso que
ocupa nuestra consideración es precisamente la de la Deidad misma. En
consecuencia, pues, la palabra Dios, sin el artículo, y en conexión aqui con la
palabra Verbo, sugiere que ambos son coparticipantes de la misma esencia,
coiguales en sus atributos o cualidades divinas, y consustanciales en cuanto a
propia naturaleza.
Además, escribiendo el nombre «Theos. de la tercera cláusula precedido por el
artículo, Juan habría identificado la Palabra y el Dios (o sea, el Padre),
minimizando así la distinción que acababa de hacer en la segunda cláusula al
decir que «el Verbo era con el Dios», distinción de persona, aunque no de
esencia, que los cristianos aceptamos en nuestro concepto de el Padre y el Hijo,
pues no somos «sabelianos1).
(*) Del libro La Deidad de Cristo. por el Dr. Evis L. Carballosa.
Dios era el Verbo
Pero todavía hay algo más aquí. Nótese que el texto griego no dice que «el Verbo
era Dios», como en la versión castellana, sino: «kai Theos en ho Logos: «y Dios
era el Verbo». Es decir, que la palabra Dios ocupa el primer lugar en esta
frase, el predicado precede al sujeto, está en la posición de mayor énfasis. Es
una ley fundamental en las reglas del idioma griego que, cuando se desea
recalcar una idea básica, la palabra que la especifica se coloca en primer
término. El orden, pues, en que las palabras se suceden en el texto original
tiene una importancia ineludible, ya que tiende precisamente a hacer recaer todo
el peso del énfasis en la plena divinidad de la Palabra, o sea: Cristo. Por eso,
para lograr dicha enfatización, el predicado precede al sujeto . (1) Don Enrique
Capó Puig me aclara: «El protagonista de este pasaje de Juan 1:1 no es Dios,
sino el Verbo. Por lo tanto, lo que se predica es acerca del Verbo, por cuanto
se dice lo que es el Verbo y no lo que es Dios. De ahí que la traducción "y el
Verbo era Dios" sea correcta.:. The new English Bible New Testament traduce:
«Cuando todas las cosas empezaron, la Palabra ya era. La Palabra moraba con
Dios, y lo que Dios era, lo era la Palabra.»
.
Por lo tanto, al decir que «Dios era la Palabra», se indica que la Palabra
divina es Dios mismo. Equivale al mismo tipo de afirmación que: «Juan es médico:
(obsérvese la ausencia del artículo determinado por tratarse de un predicado
nominal con el verbo copulativo). Y usando un término bíblico para ilustrar más
claramente nuestro ejemplo, véase cómo la construcción de la frase «y Dios era
el Verbo: es precisamente la misma que la de Juan 4: 24 «(Algún exégeta había propuesto, un tanto ingeniosamente, dar a la parte final de
nuestro texto el significado de: «y el Verbo era divino». Pero la palabra que,
enfáticamente, en griego expresa la idea de divino es «theios», y no «Theos».)
Ahora bien: si leyendo el texto griego de Juan 1:1 hemos podido constatar que no
aparece ningún artículo indefinido que autorice traducir: «y el Verbo era un
dios», sino todo lo contrario, ¿por qué los «Testigos de Jehová», habiendo
interpolado el artículo indeterminado un en su versión Nuevo Mundo, no lo han
encerrado entre corchetes? Ahí se ve bien patente la mala fe con que han obrado
los traductores para hacer creer al lector ingenuo que dicha partícula
indefinida se halla contenida en el texto original.
Ausencia total del artículo "un"
Sin embargo, a la luz de todo lo expuesto se llega a la conclusión de que los
«Testigos» desconocen muchos de los matices morfológicos y sintácticos que
presentan las leyes gramaticales griegas. Porque en el griego novo testamentario
sí existen unas partículas que suelen usarse como equivalentes a artículos
indeterminados para expresar la idea de un, uno y una. Nos referimos a los
adjetivos numerales cardinales, y a los adjetivos indefinidos, por cuanto
implican unidad predicamental, o también trascendental (unidad en sí misma,
indivisible en su estructura), y como tales se emplean en muchos pasajes del
Nuevo Testamento.
Veamos algunos ejemplos prácticos. Mateo 8:19: «eis grammateús»: «un escriba» (eis:
un; masculino). Lucas
10:25: «nomikós tis»: «un intérprete de la ley» (tis: un; masculino). Mateo
19:5-6: «sarka mían», «sarx mía»: «una carne» (mían, mía: una; femenino). Juan 10:30: «en esmen»: «somos uno» (en: un-o; neutro).
Por lo tanto, el griego no permite traducir: «y el Verbo era un dios», pues para
esto Juan tendría que haber escrito: «kai eis Theos en ho Logos», o: «kai Theos
tis en ho Logos», ya que aquí un significaría uno entre otros varios posibles, y
el griego no introduce adjetivo numeral alguno.
De modo que la filología nos indica claramente que se trata de dos distintos,
pero. que ambos son divinos. Es decir, que en este texto se nos habla de dos
Personas que poseen la misma y única naturaleza divina (2).
Para acabar de disipar las dudas que el lector sincero pudiera tener en este
sentido, demostraré una vez más -y
ruego se me disculpe tanta insistencia- que la ausencia del artículo delante del
nombre no hace que éste sea necesariamente indefinido, como los traductores de
la versión Nuevo Mundo pretenden hacer ver en Juan 1:1. Hasta aquí creemos haber
probado suficientemente que el esfuerzo puesto en juego para convertir el
vocablo Dios en indefinido por carecer del artículo, no obedece sino al
deliberado propósito de los traductores russellistas de negar la deidad de
Cristo.
Mateo 4:4; 5:9; 6:24. Lucas 1:35 y 78; 2:14 y 40; 20:38. Juan 1:6, 12 y 18;
16:30. Romanos 8:8 y 33. La Corintios 1:1. 2.a Corintios 1:21. Gálatas 1:3;
2:19. En todos estos textos aparece la palabra Dios sin el artículo. ¿Podríamos
traducir «un Dios»? Como el lector podrá comprobar por sí mismo, intercalar el
artículo indefinido un delante del nombre Dios en los versículos citados
resultaría absurdo y totalmente antiexegético (3).
[i](2) Cuando sugerimos que Juan hubiera podido indicar aquí que el Verbo era
«un» Dios usando las partículas «eis:l> o «tis:l>, es un decir, pues tratándose
de un predicado nominal, dichas partículas quedarían también omitidas. Ahora
bien: en algún otro pasaje de su narración Juan habría introducido un adjetivo
numeral cardinal en una oración especialmente confeccionada a fin de señalar
claramente que el Logos era un «dios:I> inferior al Padre.
En el Nuevo Testamento se emplea el adjetivo numeral «eis»«
a) Adjetivo indefinido: Lucas 7:2; 17:12.
b) Adjetivo numeral: Mateo 6:27; 25:24. Lucas 18:22. La Timoteo 5:9.
c) Artículo indefinido: Mateo 8:19; 26:69. Apocalipsis 18:21.
d) Pronombre indefinido: Mateo 16:14; 18:28; 22:35; 27:38 y 48. (3) He aquí cómo
sonarían en español estos textos bíblicos en los cuales la palabra Dios se
encuentra en el original griego en la misma forma que en Juan 1:1. si se les
aplicara la regla gramatical inventada por los traductores de la La Biblia del
Nuevo Mundo:
«No sólo de pan vivirá el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de un
Dios.:.
«Bienaventurados los pacificadores, pues ellos serán llamados hijos de un Dios.»
«No podéis servir a un Dios y a las riquezas.:.
«El santo ser que nacerá, será llamado hijo de un Dios.»
«Por la entrañable misericordia de nuestro un Dios.:.
«Gloria a un Dios en las alturas, y en la tierra paz.:' «y el niño crecía, se
fortalecía, y la gracia de un Dios erasobre éL»
El lector puede ver por sí mismo la desacertada y malsonante traducción que
resultaría de aplicar la susodicha regla a estos y
muchos otros versículos de la Biblia.
Pero aún hay más. En Juan 1:18; 20:28. Hebreos 1:8 y La Juan 5:20, Jesucristo es
llamado Dios. ¡Y EL VOCABLO DIOS, APLICADO A JESUS, VA ACOMPAÑADO EN EL ORIGINAL
GRIEGO DEL ARTICULO DETERMINADO! ¿Se quiere prueba más contundente de que a
Cristo se le identifica con Dios mismo?
Un argumento que no vale
Referente al hecho de escribir la palabra Dios con mayúscula o minúscula, no
vale la pena de que nos entretengamos en refutado; es algo que, por carecer de
valor escriturístico y no tener la importancia que se le ha querido dar, nada
demuestra. (¡A qué subterfugios y detalles insignificantes se ven obligados a
recurrir los «Testigos» para negar lo que es innegable!) Porque los textos más
antiguos escriben todas las letras mayúsculas (códices unciales) o todas con
minúsculas (códices cursivos o minúsculi), así que la diferencia no procede del
original, sino de copistas de siglos posteriores que empezaron a usar mayúsculas
y minúsculas a su libre antojo.
Una preposición iluminadora
Ahora bien, antes de concluir con este argumento es necesario, de conformidad
con el significado de los términos griegos que estamos estudiando, profundizar
un poco más en nuestro comentario analitico de Juan 1:1. «y el Verbo era con
Dios_ es una cláusula que nos interesa mucho, pues la palabra griega «pros»
(con) es una preposición que tiene categoría de relación; se trata de una
preposición de movimiento en una frase sustantiva porque está el verbo ser, y la
idea que expresa está completada en la cláusula siguiente, cuyo sentido es que
«el Verbo comunicaba en la naturaleza divina».
En efecto: la preposición que Juan usa aquí no es la acostumbrada preposición
griega «para», que significa «al lado de», «estar junto a», sino una que tiene
el sentido de «estar cara a cara» y sugiere el compañerismo más íntimo como
iguales, indicando simultaneidad, coigualdad entre el Verbo y Dios. Es decir,
que el vocablo en cuestión no quiere decir solamente que el Verbo estaba junto a
Dios en sociedad, sino que nos lo presenta en movimiento constante hacia El y
expresa la idea de intima unión, de estar estrechamente apegado a Dios en un
contacto activo y dinámico, pero con una unión tan estrecha que ambos
comunicaban en la naturaleza divina, eran consustanciales, sin otra distinción
que la personal.
Este matiz se halla nuevamente en el versículo 18: «A Dios nadie le vio jamás;
el unigénito Hijo (o "el unigénito Dios"), que está en el seno del Padre, él le
ha dado a conocer.» Juan vuelve a emplear la misma preposición en su La Epístola
1:2: «(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os
anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó»>.
Ante una verdad tan portentosa como profunda, el doctor G. N. Clark, conocido
teólogo evangélico, escribió: «Por supuesto, la encarnación no quiere decir que
Dios fue quitado del universo y localizado en Jesús. Ni quiere decir, tampoco,
que el Lagos fue separado de Dios al ocuparse en efectuar la encarnación.
Erramos si pensamos que el Logos es capaz de una sola actividad a un tiempo. El
es capaz de toda la actividad de Dios. La encarnación no es una división de
Dios. La verdad es más bien ésta: que el Dios que en su actividad despliega una
variedad infinita, añadió a las expresiones de su carácter otra manera de
revelarse haciéndose hombre, lo que es una forma adicional de actividad, en la
cual pudo entrar sin retraerse de ninguna otra actividad.»
«En principio era el Verbo.» La palabra «arkhe» «
eternidad misma, donde el Verbo existía eternalmente, y en el momento en que los
cielos y la tierra, cuando eran inexistentes, comenzaron a existir en virtud del
poder creador de Aquél que es eterno por sí mismo.
Pruebas de la inspiración verbal
Los cristianos netamente evangélicos creemos en la inspiración verbal de la
Biblia según el texto en su lenguaje original. Con esto queremos decir que la
Biblia no sólo fue inspirada en su contenido general, sino que cada palabra fue
escogida e inspirada por el Espíritu Santo como si hubiera sido dictada por El.
Como una evidencia notable y
concluyente de esta inspiración sobrenatural, vamos ahora a considerar dos
verbos griegos por medio de los cuales suele expresarse la idea de existencia,
significando uno de ellos la existencia juntamente con la idea de origen, y el
otro significando existencia sin ninguna idea semejante.
En los versículos 1 y 2 del capítulo primero del Evangelio según San Juan,
aparece cuatro veces una palabra especial: es la palabra usada y traducida «en»
Ahora pasemos al versículo 3. Allí aparecen las palabras «fueron», «ha sido» y
«fue». Consecuentemente, pues, cuatro son las formas del verbo ser que
encontramos en los tres primeros versículos de Juan 1. Pero las palabras
traducidas como «fueron», «ha sido» y «fue», en Juan 1:3, son completamente
distintas. Esto es: «egeneto». Y la palabra «egeneto», también traducida era,
fue, es la tercera persona del singular de «ginomai», y siempre, sin excepción,
implica un principio. La palabra significa engendrar o principiar, viene del
verbo «ginomai», que también se traduce «engendrar» o «ser creado», «venir a la
existencia», «nacer» y «descender». Por lo tanto, la palabra «egeneto», cuando
es usada, implica existencia de un sujeto con un tiempo definido de principio,
antes del cual no existía.
Ahora bien: los dos primeros versículos, en los cuales la palabra era ocurre
cuatro veces, se refieren al Creador. y cuando Juan habla de Cristo como
Creador, usa la palabra «en», una forma del verbo «eimi», que significa existir,
pero SIN NINGUNA REFERENCIA DE PRINCIPIO O DE FIN. Esto equivale a: «YO SOY»,
«YO SIEMPRE FUI». Es decir, denota existencia sin ninguna insinuación o
sugerencia de un principio. Así pues, cuando Juan se refiere a la deidad
preexistente de Jesús, siempre emplea la forma del verbo «eimi», que, como
venimos enfatizando, indica existencia sola, sin mencionar origen temporal
alguno.
Pero en el tercer versículo notamos las palabras «fueron», «ha sido» y «fue»,
que se refieren a la creación. y cuando Juan habla de la creación que Cristo
hizo, entonces sí que la palabra «egeneto» es utilizada, y el uso de este verbo
indica la existencia de lo que fue creado y por consiguiente tuvo un principio,
denotando que la creación no siempre existió, sino que, como su nombre indica,
fue creada, significando, por tanto, el vocablo «egeneto»: EXISTENCIA CON UN
PRINCIPIO U ORIGEN BIEN DEFINIDO.
Pasemos ahora al versículo 4 y notemos que Juan, al hablar otra vez de Jesús, vuelve a usar nuevamente el verbo SER (en griego «en») (SER SIN PRINCIPIO), utilizada en los versículos 1 y]2, pues está hablando de Jesús el Creador. .
Pero notemos ahora la presencia de la forma de los verbos ser, estar o existir, la palabra «hubo», en el versículo 6. Aquí la palabra traducida hubo es el término griego «egeneto», que denota principio, 'porque este versículo habla de Juan el Bautista, quien fue un hombre con un principio, por cuanto tuvo un origen humano al nacer. Véase lo que luego se añade en el versículo 8. El verbo griego que denota la existencia de Cristo se usa aquí acompañado del adverbio negativo no, para distinguir a Juan como hombre, de Jesús como Dios.
Pasemos al versículo 10. Aquí está el texto que habla tanto del Creador como de lo Creado. Pero no hubo error al escoger las palabras usadas. El Espíritu Santo utiliza cuidadosamente la forma del verbo «eimi», denotando eterna preexistencia, cuando se refiere a Jesús, y la palabra «egeneto», significando un principio o génesis, cuando se refiere a lo creado.
Ahora llegamos al texto cumbre, la evidencia indiscutible de la divina
inspiración de las Escrituras. El versículo 14. La Palabra «fue» en este
versículo es el término «egeneto», aplicado al cuerpo físico de Jesucristo. Se
refiere a su nacimiento, a su encarnación, cuando la naturaleza humana de Jesús
tuvo su principio.
Consideremos el versículo 15. Juan el Bautista dice que Jesús existió antes que
él. Ahora bien: esto no se refiere al nacimiento humano de Jesús, porque el
Bautista fue concebido en el vientre de su madre seis meses antes de que Jesús
fuera concebido en el seno de María (Lucas 1:26). Jesús, como hombre, fue seis
meses menor que Juan el Bautista (Lucas 1:36). Por lo tanto, Jesús existió
después y antes que Juan. En efecto: como hombre nació después que Juan; pero
como Dios existió antes que él.
Examinemos un último ejemplo: «Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58). La palabra traducida «fuese», en este versículo, es «genesthai», y el verbo puede traducirse: «Antes que Abraham naciera, existiera o llegase a ser.»
Pero en la última parte del versículo, Jesús dijo: «yo soy». Y la palabra
traducida «yo soy» viene del mismo vocablo traducido «era» en Juan 1: 1. Este es
el término «eimi» Vendremos más adelante a una más detenida consideración de
este verso.
Mala gramática y peor teología
Así pues, a la luz de todo lo dicho con respecto al análisis gramatical del
texto griego de Juan 1:1, la conclusión es obvia: la traducción «y la Palabra
era un dios» no es más que una invención de los traductores de la versión Nuevo
Mundo, y, además, como ya se ha demostrado, esta traducción de los «Testigos de
Jehová» va contra todas las reglas de la gramática griega, por cuanto según las
leyes gramaticales del idioma griego no sólo resulta imposible dicha versión,
sino que es antigramatical traducir «y la Palabra era un dios».
Teniendo en cuenta todos los antecedentes considerados, y sobre todo comparando
Juan 1:1 con los correspondientes contextos escriturísticos, la traducción de
los «Testigos» fuerza la sintaxis griega de una manera antinatural y, en
consecuencia, no puede aceptarse bajo ningún concepto.
No debemos confundir los términos. Una cosa es la exégesis (leer lo que dice el
texto). Otra cosa muy distinta, practicada por el comité de traducción de la
versión Nuevo Mundo, que confiesa haber permitido que sus creencias religiosas
influyeran en sus componentes al traducir su «Biblia», es la «eiségesis»
(leer lo que uno desea que diga el texto).