Bebé feliz

Dilia sonrienteLos primeros días de Dilia Estefanía fueron un continuo descubrir de cosas. Era un bebé en extremo curioso. Le gustaba ver las luces rojas de los autos pasar a su lado. No dejaba de verlos hasta que se perdían a lo lejos. Le encantaban los helados, los caramelos, los resfrescos (bebidas de soda), pero odiaba la malta. Muchas veces fijaba su mirada en otras personas como si quisiera hablarles. Sí, en tan solo un par de semanas de vida, Dilia Estefanía había adquirido lo que para un bebé podría llamarse una "amplia cultura general".

Claro que esta costumbre de darle a probar de todo trajo sus consecuencias. Pronto Dilia Estefanía empezó a estar a la expectativa, esperando a que alguien le diese a saborear algo. Por eso papá pensaba "vaya, tengo un bebé velón". Pero, porsupuesto, él único culpable de eso era él mismo.

Poco a poco aprendió a hacer otras cosas. En una ocasión pensó que estar acostada boca abajo no era lo que quería hacer, así que ¡zas! se volteó. De allí en adelante fue el bebé y no mamá quien decidió como iba a estar acostada. A veces papá se quedaba esperando hasta que mamá se acostace para ver como Dilia Estefanía empezaba a girar hasta llegar a su lado, muy junto de ella, y dormirse allí, acurrucadita.

Dilia Estefanía seguía creciendo y acomodándose a su entorno de la mejor manera, realmente era un bebé muy feliz. Y esto le complacía mucho a papá.


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