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FAMILIA


La Paternidad

    La Paternidad A lo largo del tiempo, los padres hemos sido seres incapaces de tener hijos, pero les hemos dado nombre. No los hemos llevado en nuestro vientre, pero nos creímos dueños de sus vidas. Se ha podido dudar de nuestra paternidad, pero no de nuestro poder. En suma, hemos sido parte de una organización social que nos ha otorgado todos los derechos. Así describe la paternidad el escritor español Ignacio Avellanosa, pero muchos son los conceptos que han surgido para definir esta actitud del hombre hacia su descendencia. Se piensa que la responsabilidad de la educación recae mayormente en la madre. Pero ¿Dónde queda la figura del padre?

    Desde el punto de vista estrictamente biológico, el padre participa poco en el proceso del embarazo, pese a que tiene un papel fundamental en la concepción de los hijos. Hay quienes afirman, que después de este momento crucial, el padre puede desaparecer sin que esto perjudique el proceso de desarrollo del niño en el vientre de la madre. Sin embargo, no se debe confundir la condición de ser padre con la paternidad. Padre es aquel hombre que interviene en el proceso de concepción. Paternidad es llevar a cabo de una manera responsable, la tarea de mantener, educar y orientar a ese hijo que se ha concebido. Es un deber social que se debe cumplir.

    Muchos valoran tan sólo el primer concepto. El segundo es ignorado a tal punto, que debido a ello, en nuestros países, se registran altos índices de infancia abandonada. En Venezuela especialmente, estos nos muestran que un 70% de los niños menores de 12 años, tienen que asumir el papel de manutención de sus hogares, debido a que han sido abandonados por su padres, quienes son los llamados a ejercer esta labor.

    Ser padre no es fácil y ciertamente, a ningún hombre lo educan para serlo. Pero en la actualidad, existe un gran caudal de información fácilmente disponible para aquellos que conciben hijos con facilidad, pero no asumen la paternidad de forma responsable, a veces, por falta de orientación. También existen instituciones que constantemente realizan cursos, charlas y seminarios en los que tratan el tema de cómo practicar la paternidad, por lo que no deben existir excusas para no asumir responsablemente este rol.

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El papel del padre

Después de la llegada del primer hijo, cambia todo el sistema de relaciones en la familia.

En un principio, el padre prefiere estar junto y a solas con la madre y el bebé. Sin embargo, se establece una relación diferente en la pareja, pues la madre dirige toda su atención hacia el bebé, pasando la relación con su esposo a un segundo plano. Esta espera mayor compañía y apoyo de él, a quien se le hace difícil tener esa actitud de protector. Esto se debe a que siente dificultad de acercamiento con el nuevo miembro de la familia, pues se siente relegado.

La alternativa en este caso, es el establecer con la madre y con el bebé vínculos diferentes. Para evitar la crisis, muchos hombres aprenden algunas tareas como cambiar los pañales, bañar al bebé, darle de comer y arrullarlo para dormirlo, entre otras. Esto ayuda al padre a superar el sentirse desplazado, a través de un contacto más directo con "la personita que le roba la atención de mamá". Además, estas son labores para las que el padre está perfectamente capacitado y que una vez que las realiza, las ejecuta con mucho placer.

La presencia paterna en los primeros meses de vida del niño es fundamental, especialmente para la madre, quien con su única presencia, siente que no está sola en lo que ella también considera una labor complicada y dura. En esta etapa, las madres se encargan más de los cuidados del recién nacido y pasan más tiempo con ellos, mientras que los padres son más activos y estimuladores, mueven más a los niños, les hablan con más fuerza y realizan más intercambios corporales en menor tiempo, complementando así, aspectos de estimulación necesarios para el buen desarrollo del bebé.

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Creciendo con papá

Antes de cumplir el primer año, la madre supera su relación de dependencia con el hijo, para interesarse nuevamente por su entorno. El contacto con su pareja vuelve a ser como antes. Ahora el niño es más de los dos, pues éste comienza a ser más independiente.

Entre los dos y tres años de vida, el papel del padre cobra más importancia, pues es el momento de comenzar a ponerle límites. Es también el momento de ayudar al hijo a adaptarse a un mundo maravilloso, pero a veces peligroso. En un principio, este concepto está ligado a la necesidad de protección. Más tarde, va paralelo a las actuaciones de los hijos (lo que está bien o mal hecho).

Tradicionalmente, el padre ha sido en la familia el que introduce las normas de convivencia y es el representante de la autoridad. En la actualidad, las cosas no son exactamente así, pero el niño relaciona con más frecuencia la figura de papá con el concepto de autoridad.

En la medida en que crece, papá va creciendo con él, desempeñando un papel importante en lo que se refiere al aprendizaje. Las necesidades básicas de los primeros tiempos ya fueron cubiertas por mamá y el niño, entre los cuatro y nueve años, experimenta una gran necesidad de conocer más la figura paterna. Es en este momento, cuando se establece una relación más afectiva entre el padre y el hijo. En esta etapa del crecimiento, el contacto directo y el intercambio, permite a ambos una relación más satisfactoria. Esto no quiere decir que la madre y sus afectos queden relegados.

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Y... ¿Qué hacer con los adolescentes?

Bien es sabido que la adolescencia es la etapa de crecimiento que genera mayor angustia a ambos padres, pues generalmente esperan que el adolescente tenga conductas inadecuadas. Es muy probable que los hijos en esta etapa, adopten conductas de rebeldía o hagan más caso a lo que le dicen en su grupo que a los padres, cosa que es muy normal a esta edad. Las investigaciones realizadas en el campo de las técnicas disciplinarias, apuntan hacia los extremos de la permisividad y la restrictividad, como formas riesgosas de educar a los hijos en la etapa de la adolescencia. Pero existen otras formas de conducta igualmente peligrosas.

Algunos padres adoptan la actitud de "amigos" de sus hijos. Este es el que quiere sentirse cerca del adolescente. Pone los discos que a su hijo le gustan y habla abiertamente con él acerca de sus novias. Frente a la autoridad, siente que no debe imponerla, pero no sabe cómo actuar cuando sus hijos comenten alguna falta. Es un padre, absolutamente tolerante que no infunde respeto. Los hijos suelen aceptarlo, pero no pueden dejar de sentir que sus amigos son diferentes a su papá.

Lo opuesto a esta categoría es el padre "autoritario", para quien las cosas son como son, simplemente porque él lo decide y punto. En ocasiones llegan a utilizar los maltratos para que le obedezcan. En este caso, los hijos adolescentes, o se someten a su autoridad, convirtiéndose en personas castradas en su personalidad, o huyen de su hogar en cuanto pueden, para así sentirse libres.

El padre "ausente" es el que falta casi siempre en casa y delega en la madre todo lo relacionado con la educación de los hijos. Se sorprende de vez en cuando por el crecimiento experimentado por ellos, pero ignora casi todas sus cosas. Esta distancia es establecida básicamente por la inseguridad que siente ante todo lo que tiene que ver con los muchachos. Compensan la distancia inscribiendo a los hijos en buenos colegios, con vacaciones en el exterior o regalos costosos.

Existen también, padres que se niegan a ceder lo más mínimo en lo referente a la educación de sus hijos. Estos son llamados los "padres-madres", que pretenden dejar como ausente a mamá. Llevan el control de todo. Unas veces es autoritario, otras es flexible, pero centra toda su vida en torno a sus hijos. El control excesivo y exhaustivo de estos parece garantizarle un afecto que teme perder.

También existen los padres "inseguros" y los describe como muy voluntariosos, que exigen mucho de sí mismos, pero siempre tienen la duda de si están haciendo las cosas bien. Meditan todo sobre los muchachos y viven cuestionando si sus criterios sobre educación y crianza son los más adecuados.

Una última categoría -la más positiva- es la de los "padres flexibles". Quienes se encuentran en esta tipología también se equivocan con sus hijos adolescentes. Con los varones suelen entrar en competencia, pero no les facilitan las cosas. El hijo debe luchar por lo que quiere. Tienen dificultades para permitir a las hembras la independencia que ellas necesitan. Utilizan su autoridad, pero siempre basada en el afecto y la experiencia. Nunca son irracionales. Comprenden bien sus necesidades y problemas, pues entienden que ellos también fueron jóvenes. Mantienen un moderado nivel de expectativas respecto a sus hijos y no los obligan a hacer cosas que ellos no quieren hacer. Basan su relación en el respeto mutuo.

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¿Dónde está el equilibrio?

    Encontrar un equilibrio en el oficio de ser padre es difícil, pues cuando no se cometen equivocaciones por una parte, se cometen por otra. Mantener una actitud del todo asertiva con los hijos y en especial, con los adolescentes no es fácil.

    Es en la adolescencia cuando se hace necesario mantener una actitud ecuánime y adecuada que tienda básicamente a la flexibilidad y a la adaptación de nuevas situaciones.

    El mundo de hoy exige que el padre sea perfecto y sabemos que lograrlo es casi imposible. Lo que todo padre debe hacer es luchar por alcanzar un ambiente en el hogar, de confianza, autoestima y seguridad para sus hijos. Recordemos que ellos tienen derechos y corresponde al padre, en compañía de la madre, esforzarse para cumplir su misión lo mejor posible.

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SU HIJO ES SU REFLEJO

¿SU HIJO COME MAL, GRITA, ES GROSERO Y TIENE MAL GENIO? NO ES UN PROBLEMA GENÉTICO, ES QUE SUS PADRES NO SE HAN TOMADO EL TIEMPO PARA EDUCARLOS Y ESTABLECER NORMAS DE DISCIPLINA.

LOS NIÑOS SON COMO ESPONJAS QUE REFLEJAN TODO LO QUE APRENDEN EN SU ENTORNO, ASÍ QUE PROCURE USTED SER LA PRINCIPAL INFLUENCIA DE SU HIJO.

    La mayoría de los padres educan a sus hijos siguiendo el estilo que aprendieron de su hogar. Algunos intentan mejorarlo cuando piensan que sus padres resultaron demasiado flexibles o severos, pero en líneas generales todos tratan de dar a sus hijos lo mejor que encuentran en su entorno.

    Pero no siempre lo que el padre está dando a su hijo es realmente lo que éste necesita, o le genera los resultados los resultados esperados, porque no todos, los padres desean que sus hijos sean dóciles a la disciplina, ni le dan importancia a su rendimiento escolar, además no todos los hijos tienen el mismo carácter, el cual admitámoslo o no es básicamente el resultado de imitar lo que aprendieron en casa.

    La verdad es que los padres cada día pasan menos tiempo con sus vástagos, principalmente porque deben dedicarse de lleno a las actividades productivas  y dejan que la escuela, la televisión, la señora de servicio, los abuelos y hermanos mayores moldeen el estilo de conducta de sus hijos, y el padre sólo tiene tiempo para llegar a corregir las faltas mayores y cubrir las faltas.

    Esta realidad crea una distorsión inmensa en la conducta infantil porque la verdad es que no hay modelo más efectivo de enseñanza que el que se crea del modelaje en la conducta. No importa cuantos esfuerzos hagan los padres para tratar de que sus hijos sean diferentes a ellos el niño copiará su conducta, especialmente en aquellos aspectos que se refieran a valores; el tiempo que se le da al trabajo y a la diversión, el nivel de respeto que se le da  a los padres y demás familiares, el tiempo que se dedica al cuidado del hogar y especialmente es el trato que se dan entre ambos; el afecto, la atención y el respeto entre la pareja y de padres a hijos.

    Hay una serie de normas que los especialistas recomiendan tener en cuenta al momento de educar a su hijo, y las principales son:

    Mirarse en un espejo

    Si usted es inestable, desordenado y gritón, no importa cuanto le pida a su hijo que haga lo contrario, él hará exactamente lo que usted le muestra todos los días, porque eso es lo que observa. La única manera de hacer que su hijo actúe de una manera diferente es que usted cambie, porque su hijo será su reflejo o el de su pareja.

    Déles seguridad y confianza

    No importa cuantos problemas financieros o afectivos tenga usted, hágale saber a su hijo que usted le ama en cualquier circunstancia, háblele claramente acerca de los temas importantes y estimúlelo a opinar. No preocupe a su hijo por temas que él no pueda controlar ni cambiar (asuntos financieros, políticos o de pareja), pero explíquele en un lenguaje simple y claro todo aquello que tenga influencia o consecuencias sobre su rutina y bienestar.

    Estimúlelo y apóyelo en todo

    No dude de las capacidades de su hijo, estimúlelo a lograr metas nuevas, pero enséñele que los logros se alcanzan con esfuerzo y capacidad. Esto lo convertirá en un luchador desde pequeño.

    No desencadene sus frustraciones contra sus hijos

    A todos nos pasa, cuando estamos cansados, abatidos, molestos o deprimidos, las exigencias y travesuras infantiles se pueden tomar insoportables. Pero su hijo no tiene la culpa del mal momento que usted está atravesando, así que no lo responsabilice de sus problemas ni lo recargue con sus preocupaciones. No lo agrada, insulte u ofenda. Dígale a su hijo lo que hizo mal, y castíguelo proporcionalmente, sin hacerle daño. Esto evitará que su hijo guarde recelo y rencor contra usted.

    No engañe a sus hijos con ideales falsos

    Los niños pueden adaptarse a cualquier circunstancia con facilidad, así que no hay necesidad de mentirles acerca de las situaciones difíciles de la vida. Además de todas las fantasías que ven en la televisión y de las que les enseñamos todo el tiempo producto de la cultura (el Niño Jesús, el ratón de los dientes), los pequeños tienen que lidiar con todas aquellas falsedades propias del idealismo social. Sea usted una fuente de verdad y referencia para su hijo.

    Recompénselo cuando lo merezca… y castíguelo si es necesario

    Tampoco se engañe usted, su hijo también es humano y desde pequeño cometerá errores mientras trata de conocer el mundo. Busque un balance entre el reconocimiento y el castigo cuando esté ayudando a su hijo. Castigar demasiado puede limitar la motivación de su hijo hacia el alcance de nuevos logros, por temor a recibir nuevos castigos.

    Asegúrese de que su hijo sepa lo que se espera de él o de ella y estimúlelo con reconocimiento. Las recompensas no significan siempre obtener dinero o privilegios. Solo  con decirle que usted se siente orgulloso de él o que ha notado el esfuerzo que ha puesto en su trabajo, hará una gran diferencia.

    Crear hábitos toma tiempo, dedíquele el necesario

    A partir del primer año de vida, usted puede con amor y paciencia comenzar a dirigir la conducta de su hijo. Desde ese momento usted enseñará a su hijo a comer sanamente, a comportarse socialmente y a desenvolverse en todas sus tareas. Si su hijo no sabe comer, es  porque usted no se ha tomado el tiempo para sentarse a la mesa y educarlo. Si su hijo no sabe saludar y respetar a los mayores es porque usted no se lo ha enseñado.

    Nadie más tiene la culpa de la conducta de su hijo. Quizás su pequeño tenga un carácter difícil, pero eso también lo ha aprendido en casa. Si usted desea que su hijo aprenda, deberá enseñarlo usted con paciencia. No evada las responsabilidades, la conducta de su hijo la ha formado usted.

    Cuide a su hijo y también de usted mismo

    Así como usted tiene la total responsabilidad en el cuidado de su pequeño, también debe cuidar de sí mismo y eso le enseñará a su hijo el respeto por el bienestar general. Esto implica evitar los excesos, respetar el tiempo y el espacio propio de cada cual (el tiempo de ver TV, de jugar, trabajar, descansar) y a compartir las tareas del hogar.

    Pida ayuda no sobrepase sus capacidades

    Su pareja, su madre, la maestra, sus hermanos o sus amigos pueden ayudarlo y darle referencias acerca de la crianza de sus hijo, cuando necesite apoyo, búsquelo, no lo dude, pero sobre todo acepte que usted no lo sabe todo y que todos necesitamos de otros en algún momento.

NORMAS PARA DESARROLLAR DISCIPLINA EN LOS HIJOS

Comprenda que la disciplina debe enseñar, no castigar; establezca límites con firmeza pero sin hacer daño.

Muestre respeto por su hijo para que él pueda aprender respeto hacia otros.

Aprenda las etapas del desarrollo del niño, de manera que sepa los comportamientos que pueda esperar a las diferentes edades.

Prepare a su hijo para las situaciones nuevas, de modo que él se sienta confiado y seguro.

Cree rutinas confiables y previsibles para su hijo.

Aliente su curiosidad en alrededores seguros.

Distraiga y desvíe la atención de su hijo cuando su comportamiento sea molesto.

Evite llamar a su hijo con nombres negativos cuando discuta su comportamiento.

Recuerde que las palmadas, golpes o gritos pueden detener inmediatamente el comportamiento, pero al mismo tiempo puede enseñar que la violencia es la forma de arreglar los asuntos.

DOMINGO CALABRO
PSICOLOGO ASESOR

TODO LO NECESARIO PARA EL DESARROLLO DE NUESTROS HIJOS

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La Mentira


La Mentira
Una de las actitudes más perniciosas y que más molesta a los seres humanos es ser víctima de una mentira. Pero cuando se hace un análisis más profundo de ella, podemos encontrar sorpresas sobre su verdadera esencia y, sobre todo, en la importancia que tiene en nuestras vidas en pareja, en familia, en comunidad, en nuestras relaciones de trabajo. La mentira, sin duda alguna, es una parte importante con la que nos enfrentamos cotidianamente en la vida.

    El acto de mentir se define como la intención deliberada que tiene una persona de engañar otra. La mentira viene a ser simplemente, algo que no es verdad, que no es real.

Clasificación de las mentiras

    Existen dos formas fundamentales de mentir: a través del ocultamiento y a través del acto mismo de falsear. El mentiroso que oculta, retiene cierta información sin decir en realidad, algo que falte a la verdad. El que falsea da un paso adicional: no sólo retiene información verdadera, sino que presenta información falsa como si fuera cierta.

    Para que un acto de mentira se concrete, a menudo, el mentiroso combina ambas formas de engaño, pero en muchas ocasiones, se conforma simplemente con el ocultamiento, pues muchos consideran que ocultar información no es mentir.

    Cuando un mentiroso está en condiciones de mentir, por lo general prefiere ocultar y no falsear. En primer lugar, porque resulta más fácil: no existen historias que inventar ni posibilidades de ser descubierto. Por otra parte, el ocultamiento parece menos censurable. Es pasivo, no activo y los mentirosos suelen sentirse menos culpables cuando ocultan que cuando falsean, aún cuando sus víctimas resulten igualmente perjudicadas.

    Por otra parte, las mentiras por ocultamiento son mucho más fáciles de disimular una vez descubiertas. El mentiroso no se expone tanto y tiene muchas excusas a su alcance: su ignorancia sobre el asunto, o su intención de revelarlo más adelante, o simplemente "se le olvidó".

    Existen mentiras que de entrada obligan al falseamiento y para las cuales el ocultamiento simplemente no basta. Por ejemplo, si alguien pretende obtener un empleo mintiendo acerca de su experiencia laboral, con el ocultamiento sólo no le bastará: deberá ocultar su falta de experiencia pero además, tendrá que elaborarse una historia de experiencia laboral previa.

    También se apela al falseamiento, por más que la mentira no lo requiera en forma directa, cuando el mentiroso quiere encubrir las pruebas de lo que oculta, necesario fundamentalmente cuando lo que se quiere ocultar son emociones. Es muy difícil ocultar una emoción actual, en especial si es intensa. El terror es menos ocultable que la preocupación. La furia menos que el disgusto. Cuanto más fuerte sea una emoción más probable es que se filtre alguna señal pese a los esfuerzos del mentiroso por ocultarla.

    Otra forma de mentir, es la que los expertos en el arte del engaño llaman "medias verdades" o "verdades retorcidas", de tal modo que la víctima no la crea. En la primera, cuando la persona engañada emplaza al mentiroso acerca de un asunto, éste no lo niega, por el contrario le da la razón a su víctima, pero hasta cierta parte de la historia. La otra parte es mentira. De esta manera, la persona engañada cree en la verdad de las palabras del mentiroso.

    En el caso de las verdades retorcidas, el mentiroso dice la verdad de tal modo que la víctima no lo crea, es decir, dice la verdad falsamente. Es el caso del esposo que llega tarde a la casa y cuando su mujer el pregunta en dónde estaba, éste le contesta: "con mi amante, como me acuesto con ella todos los días, tenemos que estar en permanente contacto". Esta exageración de la verdad pone en ridículo a la esposa y le dificulta proseguir con sus sospechas. También servirá para el mismo propósito un tono de voz o una expresión de burla.

 Se puede hablar de tres clases de mentira: la racional, la emocional y la conductual.

    En la mentira racional, lo básico es que lo que se dice, se siente o se hace, se contrapone con la verdad racional. Se falsea la verdad por algún interés. Es más profunda, mucho más malvada, es la mentira hecha para dañar a los demás. Es el caso de una amiga envidiosa que le dice a otra que su marido la engaña con el propósito deliberado de causar daños en su matrimonio.

    La mentira emocional, en la que lo básico es que, lo que se dice, se siente o se hace no concuerda con la situación emocional del mundo afectivo. Un ejemplo de esto podría ser el caso de los esposos que cuando llegan a la casa tratan de parecer enojados, por alguna mala situación en el trabajo, el tráfico pesado o cualquier otra circunstancia, cuando en realidad estaban en una fiesta jugando dominó con sus amigos, o simplemente pasándola bien con su amante. Tratar de parecer enojado, no es fácil, pero ayuda mucho si además se frunce el ceño.

    Y el tercer tipo de mentira, que es mucho más elaborada, es la mentira conductual en la que se trata de actuar o dejar actuar de forma deliberada para decir que somos lo que no somos. Es el caso del galán vanidoso de mediana edad, que la oculta ante su novia o amante, tiñéndose las canas y afirmando tener siete años menos.

Las mentiras... ¿Tienen patas cortas?

    En más de una oportunidad hemos escuchado decir que las mentiras tienen patas cortas, pues en ocasiones se descubren más rápido de lo que pensamos. Las mentiras fallan por muchas razones. A veces, la víctima del engaño descubre accidentalmente la verdad al encontrar una carta de amor escondida, una mancha de pintura de labios o al escuchar una conversación íntima por el teléfono auxiliar que levantó al mismo tiempo que su pareja.

    También puede ocurrir que otra persona delate al mentiroso: un colega envidioso, una esposa abandonada, un informante que ha sido pagado, son algunas de las fuentes básicas para descubrir un engaño.

    Sin embargo, la persona mentirosa también se delata por múltiples pistas como un cambio en la expresión facial, un movimiento del cuerpo, la inflexión de la voz, el hecho de tragar saliva, un ritmo respiratorio excesivamente profundo o superficial, largas pausas entre las palabras, un desliz verbal, una microexpresión facial o un ademán que no corresponde.

    Ahora bien, ¿Por qué los mentirosos no pueden evitar estas conductas que los delatan? Las razones son dos: una de ellas ligada a los pensamientos y otra a los sentimientos.

Mentiras relacionadas con los sentimientos

    El hecho de no haber pensado de antemano, programado minuciosamente y ensayado el plan falso es sólo uno de los motivos por los cuales se cometen deslices que ofrecen pistas sobre el engaño.

    Los errores se deben a la dificultad de ocultar las emociones o de inventar emociones falsas. No toda mentira lleva consigo una emoción, pero las que sí, causan al mentiroso graves problemas.

    Cuando se despiertan emociones, los cambios sobrevienen casi al instante sin dar cabida a la deliberación. El pánico que siente el mentiroso de ser descubierto produce señales visibles y audibles, pues es algo que está más allá de su control.

    Las personas no escogen deliberadamente el momento en que sentirán una emoción. Ocultar una emoción no es fácil, pero tampoco lo es inventar una no sentida, aunque no haya otra emoción que disimular con ésta. En este caso, el falseamiento se hace tanto más arduo cuanto mayor es la necesidad que existe de él, especialmente si éste contribuye a ocultar otra emoción.

    Las mentiras relacionadas con pensamientos no involucran emociones. Son las mentiras acerca de planes, ideas, acciones, intenciones, hechos o fantasías. Defender la verdad es mucho más complicado que decir una mentira en este caso. Por ejemplo, el que plagia oculta que ha tomado una obra ajena presentándola como propia, mintiendo sin sentirse culpable.

Mentira y personalidad

    Los seres humanos decimos, sentimos y hacemos mentiras en muchas épocas de nuestras vidas.

    "Así, el niño es mentiroso en la misma medida en que sus fantasías se hagan presentes para confundirlas con realidades. El adolescente es un mentiroso en la medida en que su encuentro con el mundo real, cause frustraciones. El joven es mentiroso, en tanto y en cuanto no se sienta capaz de confrontar las verdades que le adversan. El adulto es mentiroso cuando no ha logrado superar los obstáculos que le ha puesto la vida y por lo tanto para sentirse el triunfador que nunca ha sido, engaña. Por último, el anciano es mentiroso cuando no se perdona los errores que ha cometido en su vida", apunta De Vries.

    De acuerdo con esto, en la misma proporción en que el niño aprenda a diferenciar el mundo real de sus fantasías, que sepa enfrentar sus diferencias con los demás para irlas comprendiendo y confrontando en la juventud y la adultez y en la misma medida en que los ancianos se hayan sentido valiosos, triunfadores en la vida, se podrá confrontar la posibilidad de la mentira como una traición destructiva.

    "Si esto no se hace, la mentira puede transformarse en un instrumento de evasión ante la frustración".

Mentira y profesión

    Considera De Vries que un escritor tiene que hacer creíble la historia que cuenta a través de conocimiento racional, del manejo emocional y de la credibilidad accional.

    Un político tiene que hacer creíble su mensaje emocional de trabajo por el grupo, a través de mensajes racionales, honestos y de acciones acordes con lo que dice sentir.

    Un actor tiene que hacer creíble -a través de sus acciones- una realidad que le es ajena a su personalidad, a través de una gran honestidad y de una gran sinceridad.

"Por otra parte, todos los que trabajen con las ciencias y la tecnología tienen que ser fundamentalmente honestos".

    Existen muchas clases de mentiras, entre las que se cuentan los chismes, los rumores, las murmuraciones y las tan nombradas "mentiras blancas o altruistas" que se dicen en casos extremos, como el del niño que pierde sus padres en un accidente y cuando recobra la conciencia, al preguntar por ellos, sus médicos le dicen que están bien, pese a que habían muerto. Pero en líneas generales, la mentira daña la relación de confianza en la familia, en la pareja, el trabajo y en general, en todos los aspectos de nuestra vida.

    La mentira puede hacer daño a quien la recibe, pero a quien más perjudica es al mentiroso, pues se convierte en una persona poco seria, digna de poca confianza y credibilidad. Muestra de ello es que políticos y empresarios, entre otros, han sido víctimas de su falsa forma de llevar la vida y su trabajo. Recordemos aquel famoso refrán que dice "en la persona mentirosa, la verdad se vuelve dudosa". A eso nos lleva la mentira.

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PSICOLOGIA DE LA ORGANIZACION APLICADA A LA FAMILIA

    En un principio, la psicología se ocupó fundamentalmente del individuo y su entorno familiar. Freud decía, por ejemplo "yo soy yo y mis circunstancias familiares", emulando a Ortega y Gasset en el campo psicológico. Más tarde los psicólogos descubren lo importante que es la sociedad y amplifica su campo de acción a través de la especialización psicológica.

Psicología de la Organización

    Una de las primeras ramas de la Psicología fue la Psicología Industrial. Al fin y al cabo, las organizaciones empresariales no son solamente un conjunto de máquinas y edificaciones, sino un conjunto de hombres y mujeres que trabajan juntos en un espacio, en donde se establecen relaciones de coexistencia entre personas que conviven más tiempo entre ellas que con sus familias.

    Para la primera etapa de la Psicología Industrial, su objetivo radicaba en el hallazgo de aquellas piezas (personas) que mejor encajaran en otras piezas (maquinarias) y todo se reducía a la selección y a la clasificación de personal.

    Pronto descubrieron que no todo se podía resolver a base de selección y clasificación profesional. También se podía contratar a una determinada persona con algunos conocimientos básicos y enseñarle a usar las máquinas. Surge así una segunda etapa: el adiestramiento de personal.

    Con el adiestramiento surgen los cursos de inducción, cuya idea era adaptar a la persona al llegar a su organización y entender los objetivos y el espíritu de la empresa. Esto situó a la Psicología Industrial ante la circunstancia de adaptar a las personas a las normas y reglas formales de la organización y la Ciencia de la Conducta comenzó a considerar que las organizaciones, las empresas, no eran solamente una serie de tornos de fresas, de máquinas de escribir, de equipos y de gente que los manejaban, sino, sin duda, algo mucho más complejo.

    Las organizaciones, entonces, pasan a ser, para los psicólogos, el ámbito en el cual se desenvuelven los seres humanos en igual importancia de tiempo que el ambiente familiar.

    Dormimos ocho horas al día, convivimos con nuestros familiares y amigos ocho horas y las otras ocho se las dedicamos a nuestro trabajo en compañía de nuestros compañeros de labores.

    Es por ello, que la mitad de nuestra vida útil se relaciona al ambiente de trabajo, de forma tal que nuestra felicidad o infelicidad en el mismo va a repercutir de manera determinante en nuestras vidas. Para muchas organizaciones de distintos países, integrar el ámbito familiar al empresarial es vital. Por eso vemos bancos, empresas petroleras, complejos comunicacionales, de servicios, entre otras organizaciones, que procuran facilitar la integración familia-empresa a través de juegos deportivos, actividades en fechas festivas con la familia de los empleados y otros mecanismos.

    La Psicología Industrial se ha dado cuenta que los problemas de los seres humanos en la familia, afectan la relación laboral de las personas y viceversa. Tan importante puede ser la sana presión familiar para que un individuo aspire a progresar dentro de una empresa, como que el atraso en un ascenso puede determinar la frustración del cónyuge y los hijos del trabajador.

    Esta doble relación obligó a la Psicología Industrial a buscar mecanismos de interacción entre la familia y la empresa, que permitiera el estudio de las necesidades, sentimientos y motivaciones de los individuos, tanto dentro de la casa como en el trabajo y las relaciones entre ellos. Así, la Psicología de la Organización diseñó mecanismos que se aplican en las empresas que permiten que los individuos nos desenvolvamos en esa gran familia que son las organizaciones empresariales.

    La Psicología Industrial se hizo una serie de preguntas en relación a las empresas, para lograr una integración eficaz de las personas y alcanzar los objetivos. ¿Cómo organizar el trabajo, las tareas? ¿Cómo reclutar, formar y dirigir, de una manera eficiente, a las personas que son capaces de realizar una tarea? ¿Cómo crear condiciones laborales y sistemas de recompensa y castigo, que permitan mantener a los trabajadores un nivel de eficacia adecuado, a la vez que una moral de equipo suficiente y satisfactoria, en un ambiente armonioso? ¿Cómo ajustar la organización a los requerimientos de la gente? ¿Cómo lograr el espíritu de cuerpo y la mística de los trabajadores? ¿Cómo integrar los objetivos de la empresa con los objetivos de las personas?

    Los psicólogos industriales comenzaron, entonces, a trabajar para analizar las características de los trabajos, con el objeto de proporcionarle a los trabajadores un empleo que potenciara al máximo sus capacidades y potencialidades humanas. Han trabajado en la coordinación entre los trabajadores, en fomentar en espíritu de equipo y en hacer compatible y en lograr los objetivos de la empresa.

    De igual forma, se establecieron sistemas de recompensa y de castigo, creados por las organizaciones que ejercen un impacto muy grande sobre la eficacia de los trabajadores.

    En el campo de las motivaciones, los psicólogos encontraron que la relación de los trabajadores entre sí tiene mucho que ver con la rendición total de la empresa. Por ejemplo, se demostró que la intensidad con que un empleado trabaja, depende de la intensidad con la cual trabaje su compañero y su supervisor. Este efecto es mayor en los resultados que el propio salario o las presiones por parte de la gerencia.

    Se demostró que la empresa es una organización que engendra sus propias normas acerca de lo que es una conducta adecuada y se establecen una serie de relaciones informales -no escritas- que llegan a ser, en muchos casos, más importantes que las relaciones formales y contractuales para el comportamiento del individuo en el trabajo e, incluso, en su hogar.

    Edgard Schein, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (M.I.T.), nos dice que la calidad y cantidad del trabajo se relaciona con la imagen que cada individuo tiene acerca de la organización en conjunto, y esto es más importante para él, que las características inmediatas de su trabajo o sus incentivos monetarios concretos. Además, el individuo no permanece aislado de la organización, sino que se integra en varias agrupaciones que, en sí mismas, presentan perfiles relacionados de amistad, de cooperación, de competencia o bien neutros.

    En otras palabras, cuando más profundamente los psicólogos se han sumergido en la conducta de los individuos dentro de las organizaciones, tanto más han descubierto que la organización es un sistema social complejo que debe ser estudiado como un sistema total, si queremos comprender la conducta individual de una manera clara.

    Fue este descubrimiento el que creó la Psicología de la Organización como una disciplina autónoma.

¿Qué es una organización?

    Schein nos da una definición operativa: Una organización es la coordinación racional de las actividades de un cierto número de personas, que intentan conseguir una finalidad y objetivo común, mediante la división de las funciones y del trabajo y a través de una jerarquización de la autoridad y de la responsabilidad. Es determinante reconocer que el concepto de organización procede del hecho de que el individuo es incapaz de cumplir todas sus necesidades y deseos por sí mismo, ya que carece de capacidad, de fuerza, de tiempo o de perseverancia para alcanzarlo y tiene que basarse en sus propias necesidades. Es por ello, que si varias personas coordinan sus esfuerzos, terminan llegando a la conclusión de que sólo juntos pueden conseguir objetivos que no lograrían individualmente. Otro concepto que subyace en la definición, es que hay que alcanzar objetivos comunes.

    Otros autores hablan que es necesaria la coordinación de actividades y llegamos al concepto de división del trabajo.

    Por otro lado, la idea de la división del trabajo y de la coordinación de actividades, nos lleva al concepto de la jerarquización de la autoridad.

Psicología de la organización para la familia

    Por supuesto que, en principio creemos que la familia no es una organización empresarial, pero es muy útil aplicar los principios de la psicología organizacional a una estructura organizativa primaria, como en efecto lo es la familia.

    La familia nace de un sentimiento de amor entre dos personas. Su objetivo, en sí mismo, es el desarrollo de la querencia entre la pareja. Sin embargo, desmenucemos la definición de Schein de organización empresarial y comparemos: Una organización es la coordinación racional de las actividades de un cierto número de personas, que intentan conseguir una finalidad y objetivo común... Una familia también persigue metas comunes. Desde el noviazgo, la pareja se fija objetivos -ser felices, casarse, tener hijos, obtener una vivienda, comprar un carro, etcétera- que van a tratar de alcanzar juntos. Al nacer los hijos y desarrollarse, el padre, la madre y los muchachos se fijarán también metas conjuntas, por ejemplo, en relación a los estudios. Aplicar entonces, los principios de la Psicología de la Organización en el sentido de coordinar las actividades de esta "microempresa", como lo es la familia, puede ser muy satisfactorio para todos los miembros de ella. Así, el logro que aspira uno de los hijos, como puede ser aprobar los exámenes, se transforma en una meta que todo el núcleo familiar coadyuvará hasta alcanzarlo. En este sentido es muy importante que toda la familia se reúna en un primer momento y fije cuáles son los objetivos de la familia a largo, a mediano y a corto plazo. Posteriormente, estos deben revisarse una vez al año y ajustarse a las nuevas realidades. Lógicamente, hay que establecer las prioridades entre los objetivos y cumplirlos en orden de importancia. Esto se logra, luego de conversaciones y negociaciones entre los miembros de la familia.

    Sigamos con la definición de Schein: ...mediante la división de las funciones y del trabajo. En toda familia, es necesario dividir las funciones. Por cierto, uno de los problemas que más nos refieren en consulta las parejas recién casadas, son las quejas de que las tareas caseras las hace uno sólo de los cónyuges. Los psicólogos les planteamos siempre la necesidad de dividir equitativamente las distintas labores familiares.

    Por último, la definición de Schein nos habla acerca de una jerarquización de la autoridad y de la responsabilidad. En relación a esto, sin duda, es necesario jerarquizar la autoridad. Ahora bien, jerarquizar la actividad no significa crear una jefatura. No es lo mismo autoridad que poderío. El poder presupone que, mediante el manejo de recompensas o de la fuerza y presiones, podemos obligar a alguien a hacer algo contra su voluntad. La autoridad, sin embargo, supone que hay una inclinación por parte de la persona que la reconoce, a estar de acuerdo, pero en tanto en cuanto esta persona lo consiente. Es decir, que la persona concede voluntariamente a la otra, la autoridad. Pensamos que, dependiendo de los temas, la pareja puede, alternativamente, compartir la autoridad. En relación a los hijos, sin duda, debe aceptarse que los padres tienen el rol de la autoridad. No así el de la responsabilidad, la cual debe descansar en cada uno de los miembros de la familia a quien le haya tocado desempeñar y asumir cada tarea.

    Schein igualmente señala, cuando habla de las organizaciones empresariales, que es determinante reconocer que el concepto de organización procede del hecho de que el individuo es incapaz de cumplir todas sus necesidades y deseos por sí mismo, ya que carece de capacidad, de fuerza, de tiempo o de perseverancia para alcanzarlo y tiene que basarse en sus propias necesidades. Circunstancia que es absolutamente cierta en la familia. Muchos hombres tienden a ser autosuficientes y a minimizar el papel de la mujer y padres y madres, en un sinnúmero de casos, desconocen el potencial de ayuda a la familia que pueden tener los hijos. Es bueno recordar que, si bien los hijos no le pueden enseñar a los padres cómo tener hijos, no menos cierto es que por la evolución de la educación y la tecnología, una adolescente se encuentra, en determinadas materias, más preparado que cualquiera de los padres. En cuanto a la posición machista de algunos hombres y mujeres, en el sentido de la autosuficiencia, la vida moderna nos enseña y sobre todo en Venezuela -dadas las circunstancias actuales- que, hoy por hoy, tienen que trabajar los dos miembros de la pareja si quieren que les alcancen los recursos hasta para sobrevivir.

    Por esto, asevera Schein, que en una organización si varias personas coordinan sus esfuerzos, terminan llegando a la conclusión de que sólo juntos pueden conseguir objetivos que no lograrían individualmente.

    Recordemos que las cuatro bases de una organización son: La coordinación de esfuerzos, el alcanzar objetivos comunes, la división del trabajo y la jerarquización de la autoridad. Sin ellas, el concepto de organización entra en bancarrota, por definición.

    Si, más allá del amor y de los sentimientos, no comprendemos que el matrimonio y la familia es una organización y no aplicamos los principios de la Psicología de la Organización que hemos enumerado, estaremos entonces en una organización en conflicto, con fallas que, tarde o temprano, dará al traste con el sentimiento amoroso.

    Para la Psicología de la Organización, el amor no es sólo amor, pan y cebolla.

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¿Qué hago con mi hijo adolescente?

    La adolescencia es una etapa de crisis ya que implica adaptarse a cambios físicos, psicológicos y medioambientales. Es, también, una etapa de crisis para los padres, ya que éstos tendrán que vivir junto al adolescente estos cambios. En muchos casos, los jóvenes se muestran inconformes con todo lo que antes era aceptado. El adolescente siente la necesidad de estar menos tiempo con sus padres, desarrolla modas en el vestir, en el saludo, en el lenguaje, en el arreglo o ¿desarreglo? personal, y se procura ideas radicales, situaciones éstas que van a repercutir en la actitud y en el comportamiento de los padres.

    El psiquiatra Sergio Muñoz, plantea que "Cuando estas conductas que hemos descrito como características de la edad adolescente parecen perpetuarse, acentuarse y aun desviarse por caminos que ya no representan ideales a alcanzar, sino una forma de vida en la que se puede estar arriesgando la misma vida, podemos hablar de conductas mal adaptativas". Por ejemplo, el uso de drogas, o manifestar conductas antisociales. Por el contrario, una transición adecuada de la adolescencia permitirá al chico o a la chica establecer una relación diferente con sus padres, con amigos, y tener intereses diversos pero definidos, por ejemplo, decidir qué quiere estudiar y elegir una pareja con la cual pueda compartir su vida.

Claves para ayudar a los hijos adolescentes

    La adolescencia es uno de los períodos más críticos para el desarrollo de la autoestima, es la etapa en la que la persona necesita hacerse con una firme identidad.

    Ayudando los adolescentes a acrecentar su autoestima se pueden inducir situaciones beneficiosas y reforzar así sus recursos para la vida adulta.

    La psicólogo Gabriela Marsellach señala que la autoestima puede desarrollarse convenientemente cuando los adolescentes experimentan positivamente cuatro aspectos o condiciones bien definidas: la Vinculación, que es resultado de la satisfacción que obtiene el adolescente al establecer vínculos que son importantes para él y que los demás también reconocen como importantes. La Singularidad, producto del conocimiento y respeto que el adolescente siente por aquellas cualidades o atributos que le hacen especial o diferente, apoyado por el respeto y la aprobación que recibe de los demás por esas cualidades.

    El Poder, que es consecuencia de la disponibilidad de medios, de oportunidades y de la capacidad del adolescente para modificar las circunstancias de su vida de manera significativa. Por último, adecuados Modelos o pautas, los cuales son puntos de referencia que dotan al adolescente de los ejemplos adecuados, humanos, filosóficos y prácticos, que le sirven para establecer su escala de valores, sus objetivos, ideales y modales propios. Pueden descubrirse problemas de vinculación si no puede comunicarse con facilidad, o es incapaz de escuchar a los demás y comprender sus puntos de vista. Es tímido, tiene pocos o ningún amigo y elude de forma activa las situaciones sociales. Habla negativamente de la familia, de su raza o grupo étnico.

    Resulta incómodo para los adultos o, por el contrario, intenta captar su atención continuamente. Suele relacionarse más con cosas y animales que con gente, y tiene dificultades para expresar su ideas y sentimientos.

    Si este es el caso, hay que prestarle atención a su hijo cuando le necesite. Demuéstrele afecto en lo que usted diga o haga. Elógiele de manera concreta. Respete sus amistades dándole la oportunidad de que las reciba en casa. Comparta con él sus sentimientos, aficiones y algunas de sus preocupaciones y pase algún tiempo solo con él. Si el adolescente tiene escaso sentido de singularidad hablará negativamente de sí mismo y de sus logros. No se enorgullece de su apariencia, demuestra poca imaginación y rara vez propone ideas originales. Entonces, resalte y reafirme sus dotes y características especiales. Acepte que su hijo adolescente exprese sus propias ideas, anímele a ello, aunque sean diferentes a las que usted tenga. Descubra aspectos positivos en las ideas o en las conductas no habituales que manifieste, y alábeselos. Déjele llevar a cabo tareas que supongan responsabilidad, de forma que vaya adquiriendo conocimiento de sus habilidades singulares.

    Si quiere ayudarlo a desarrollar la sensación de poder, es bueno que conozca que cuando esta sensación esté firmemente desarrollada, se acrecentará su autoestima, pero si no dispone de oportunidades para ejercitar este poder y se le niega sistemáticamente, su autoestima se verá disminuida.

    Cuando no se desarrolla una sensación firme de poder, el joven eludirá afrontar la responsabilidades. No hará nada por su cuenta y habrá que recordarle constantemente los deberes que se le han marcado. Puede ser excesivamente terco o exigente.

    En este caso, estimule su responsabilidad personal. Ayúdelo a ser consciente de su propio proceso de toma de decisiones. Reafirme los éxitos que obtenga. Estimule al adolescente a fijarse objetivos personales, tanto a corto como a largo plazo y reafírmele cuando influya en otros de manera positiva.

    Si durante su proceso de desarrollo el niño no ha tenido suficientes modelos a seguir, suele confundirse con facilidad. Malgasta el tiempo en actividades que aparentemente no tienen ningún objeto, o se puede obsesionar con actividades que no tienen relación con sus obligaciones más inmediatas. Se organiza mal, tanto en ideas como en comportamiento. Puede ser desaliñado en su persona y en sus cosas. Suele tener su habitación hecha un desastre.

    Confunde lo bueno y lo malo. Le cuesta decidirse a hacer o decir algo. Responde a las instrucciones que se le dan de modo confuso o rebelde. Se muestra inseguro en los métodos y en los objetivos que elige cuando trabaja en equipo. Recuerde que usted es un modelo básico para su hijo adolescente, sea un buen ejemplo, acorde con sus creencias. Hable con él de su escala de valores. Y si él le pregunta a usted por sus creencias, háblele honradamente. Haga que se proponga objetivos de comportamiento y aprendizaje que sean realistas.

    Que afronte las consecuencias de su comportamiento. Dígale las cosas claras y demuéstreselo si es necesario. Haga un esfuerzo para entender las condiciones que influyen en su comportamiento, y no olvide que comprender no significa aceptar en él conductas destructivas. Como punto final un consejo: Escuche, siga atento las conversaciones con su hijo adolescente, no reaccione hasta que él haya terminado, probablemente aprenda cosas nuevas sobre él y es probable que se dé cuenta de que se siente más valorado cuando se le escucha atentamente.

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Al niño desmotivado lo confunden con flojo

Al niño desmotivado lo confunden con flojo En lo que se refiere a la escolaridad, es muy importante para los padres el momento de ingreso del niño al preescolar. Dicho ingreso depende de las condiciones familiares; bien sea económica, ocupacional, de tiempo, o del niño; su madurez e independencia pueden acelerar o retrasar su ingreso a la escuela. Por lo general, los niños copian los modelos de los que lo rodean: hermanos, primos, vecinos o amigos, y recrean la posibilidad del juego y el contacto con ellos. Esa es, precisamente, una de las necesidades que permite satisfacer el preescolar: La socialización.

¿Cómo cambia la conducta del niño al ingresar a la escuela?

-El niño aprende conductas de socialización; empieza dentro de su desarrollo evolutivo a compartir con sus pares, desarrollar mucho más la concentración y las destrezas sociales, aprender normas y disciplinas (como el saber esperar su turno) y otras conductas difíciles de lograr en el hogar, ya que la madre satisface rápidamente sus requerimientos. El preescolar prepara al niño para un aprendizaje más académico y permite la aceleración de su independencia y autocontrol. De allí la importancia del preescolar desde todo punto de vista; social, psicológico, intelectual y emocional. Dentro de este último, vemos como el niño aprende a controlar emociones, a respetar a los demás, también la relación con los adultos se amplía al evidenciarse un desapego de la madre. Esta etapa brinda la oportunidad de desarrollar su seguridad y le permite un espacio para aprender esas conductas de adaptación.

¿Cuáles son las destrezas que se desarrollan en el preescolar?

-Destrezas de adecuación a la escritura y lectura; aprendizaje de conceptos básicos tales como arriba, abajo, derecha, izquierda, círculo, línea, grande, pequeño, entre otros. También habilidades motoras; cortar, pegar, rasgar, colorear. Destrezas sociales como compartir, expresar sentimientos y emociones en su momento oportuno, saber socialmente como comportarse. En esta etapa se le brinda el apoyo y seguridad necesarios para que el niño desarrolle una autoestima adecuada.

¿Qué sucede cuando el niño empieza a manifestar insatisfacción hacia la escuela o el maestro?

-Cada niño es un mundo y habría que analizar cada caso en particular. La desmotivación del niño depende de varios factores: Si el proceso de desapego del niño con la madre es normal y posee una autoestima alta y una firme seguridad en sí mismo, lo más factible es que ese niño no presente problemas de adaptación, ahora bien, si el niño no presenta estas características y además la escuela no le brinda el apoyo y la confianza necesarios en sus relaciones con el maestro y por ende con sus compañeros, su motivación por asistir a clases será cada vez menor. Es importante analizar y separar ambas variables: Familia y escuela; y dentro de esta última la relación del niño con el maestro.

¿Cómo reconocer a un niño desmotivado y diferenciarlo de uno con dificultades de aprendizaje?

-El niño desmotivado es el niño que nosotros conocemos como flojo, es un niño que tiene falta de interés por aprender, todo lo consigue aburrido y se diferencia de los niños con dificultad de aprendizaje porque es inestable, independientemente de lo complicado de la tarea, es decir, un día puede rendir muy bien y otro muy mal. Trabaja cuando quiere. El niño con problemas de aprendizaje es lineal, su dificultad es constante ya que presenta alguna inmadurez en un área específica que le impide responder a las exigencias.

¿Cómo se puede motivar a un niño?

-Aquí participan muchos factores, pero indudablemente el más importante es la familia, ya que es allí donde se le suministran las pautas del aprendizaje. Si el niño observa que en su familia estudiar es valorado y todos los mensajes que recibe son de estímulo para aprender, entonces siempre estará dispuesto y animado para ello. Una familia motivadora es la que se comunica frecuentemente y transmite claramente cuáles son las expectativas reales que se tienen de cada uno. Para ello hay que tener en cuenta las posibilidades verdaderas de los hijos y no sobreexigir. Otra clave para la motivación, es inculcar que lo importante no es la belleza, ni los amigos, ni la suerte en la consecución de metas, sino el logro a través del esfuerzo y trabajo propio. En este sentido, no es recomendable hacerles las tareas sino facilitarles las herramientas necesarias para que él las haga. Un niño disciplinado logra éxitos. Por otra parte, el contacto frecuente de los padres con los maestros es también un elemento influyente. Muchos padres piensan que la escuela es un depósito de niños, que él va a cumplir un horario pero nunca se preocupan por su rendimiento académico, su relación con otros niños, sus sentimientos con respecto al maestro. La integración y monitoreo de las actividades del niño por parte de los padres es muy importante para desarrollar una actitud positiva hacia la escuela. Con respecto a la figura del maestro, éste debe permitir la participación y considerar los puntos de vista de los niños, para hacerlos sentir importantes y reconocidos, sin miedos ni privaciones. Y por último, es fundamental para la motivación, la importancia que le atribuyen a la educación la sociedad en general, las políticas, la cultura, religión, cuadro de valores y legislación de un determinado país.

La psicólogo Sandra Benaím:

Los padres son responsables de los hábitos de estudio en sus hijos

    Un hábito son las acciones del individuo que se repiten voluntaria o involuntariamente hasta persistir por sí mismas y convertirse así, en acciones automáticas. A medida que la edad avanza, se impone el predominio de los hábitos. En el niño recién nacido todo es acomodación; cada nueva situación exige la correspondiente reacción. Con la edad, estas adaptaciones se convierten en hábitos que se extienden a todos los sectores de la vida y de cuyo enorme alcance no se percata el individuo.

    Sandra Benaím, psicólogo y docente en la UCAB del seminario "Técnicas de Intervención Infantil y Adolescencia", es especialista en el área de Psicología Escolar y dicta un taller sobre hábitos de estudio.

¿Qué son hábitos de estudio?

    Si bien, todos tenemos hábitos que se van formando desde muy pequeños, es erróneo afirmar que un niño en edad preescolar presenta hábitos de estudio. A esa edad se establecen conductas repetitivas que gradualmente dejan de realizarse con esfuerzo, éstas son las de alimentación, vestido, higiene, que permiten desarrollar habilidades para convertirse en hábitos.

    Los hábitos de estudio son destrezas asociadas con adquirir, registrar, organizar, sintetizar, recordar y utilizar la in formación e ideas relacionadas con material escolar en forma efectiva y eficiente. Aunque son destrezas valiosas en ambientes no académicos, resultan imprescindibles para el éxito escolar.

    Los padres pueden estimular en el niño estas destrezas a través de la lectura o narración de cuentos, juegos con números, canciones, ilustraciones u otros procedimientos que diviertan al niño y, al mismo tiempo, lo adiestren. Otro factor importante que existe, son los modelos o patrones que incentivan los hábitos de lectura. Estos pueden ser los padres, abuelos, tíos o amigos que habitualmente lean libros o periódicos. Desde que un niño y no necesariamente maneje el lenguaje, es recomendable hablar con él, suministrarle información de su entorno, describirle situaciones, personas, animarlo con juegos para estimularle su interés.

¿Quiénes son los responsables de fomentar los hábitos de estudio en el niño?

Los hábitos de estudio tienen su fundamento en tres pilares:
1.- El niño, por sus diferencias individuales. Cada niño viene con mayor o menor autocontrol, nivel de atención, inteligencia, etc., que favorecen o entorpecen la formación de hábitos.
2.- La escuela. El sistema educativo, su filosofía, normas, características del maestro, orden, etc..
3.- El hogar. La actitud de los padres, sus expectativas del niño, la importancia que se le da al aprendizaje, entre otros.

A medida que el niño va creciendo, ¿Cómo van cambiando esos hábitos?

    Se van haciendo más complejos y autónomos. Durante la etapa preescolar se desarrollan la disciplina, el orden, se motiva el placer y el entusiasmo por conocer el mundo. Posteriormente el niño aprende a trabajar solo, siente mayor responsabilidad y corre con las consecuencias lógicas de su comportamiento escolar. Sólo amerita ayuda con las estrategias de estudio y en situaciones muy complejas. El mismo organiza y distribuye su horario de estudio. En esta etapa (que comprende desde el preparatorio hasta el 7º grado), el padre sólo supervisa lo que él realiza y el cumplimiento de las actividades.

¿Qué le recomendaría a los padres para que sus hijos tengan éxito escolar?

Yo las agruparía en diez actitudes básicas:

1.- Involucrarse en la educación de sus hijos. Los padres pueden involucrarse directamente a través de la revisión de tareas, elaboración de horarios con sus hijos. También lo pueden hacer indirectamente a través de asistencia a reuniones escolares y entrevistas con las maestras, tomando cursos, apoyando labores escolares, vendiendo rifas benéficas, etc..
2.- Proporcione recursos de lectura y aprendizaje. Tener a mano recursos de trabajo, libros, recursos para investigar: Enciclopedias, diccionarios, colecciones, etc..
3.- Dar el ejemplo a su hijo. Sus acciones y hábitos deben ser consistentes con sus exigencias y con lo que usted "predica".
4.- Entusiasme al niño para que trabaje "lo mejor que pueda", tanto en la casa como en el colegio. Utilice "presión positiva". Ni metas inalcanzables ni logros mínimos.
5.- Apoye las normas, filosofía y reglamento de la escuela. Maneje directamente con el colegio sus desacuerdos, nunca frente al niño. Ejemplo: Normas para tareas no entregadas.
6.- Comuníquese a tiempo con el maestro. No espere que lo llamen ni que aparezcan problemas. Lo ideal es conversar, mínimo, una vez a mediados de cada lapso.
7.- Acepte su responsabilidad de padre-madre: No espere que la escuela se ocupe de todo el proceso escolar, porque eso es irreal.
8.- Escuche, apoye, alabe y reconozca los esfuerzos de su hijo.
9.- Valore la educación y el aprendizaje: Hágale saber claramente a su hijo que su educación es crucial.
10.- Ajuste las técnicas, trucos y recomendaciones a las características particulares de sus hijos, de su hogar y de ustedes mismos, reconozca que cada niño es un mundo.

En fin, la mayor ayuda de los padres es con las tareas, allí se ven reflejados los hábitos más importantes.

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La televisión y la familia

La televisión y la familia Se ha responsabilizado en muchas ocasiones a la televisión de ser la causante directa de la falta de comunicación entre los miembros de la familia. Sin embargo, como señala Leoncio Barrios, no hay referencias de investigaciones que demuestren que los miembros de la familia se comunicaban más entre sí antes de 1950 que en la actualidad, ni que la vida comunal era más participativa sin la televisión. Lo que sí es cierto es que la televisión aparece en momentos en que comienza a sedimentarse un intenso proceso urbano, iniciado pocos años antes, y que implicó cambios drásticos en la forma de vida, tanto al nivel de la familia como de la comunidad, y entre los cuales aparece la forma de comunicarse.

La vida de la familia, en la mayoría de los países, se ha visto afectada en su estructura y dinámica por estos cambios producto de la urbanización. Los miembros de la familia urbana tienen menos tiempo para compartir entre ellos, debido a la concurrencia de factores extrafamiliares, como son: La diversidad de horarios de sus miembros, las distancias desde el hogar a los sitios de trabajo y estudio, las dificultades de tránsito, las múltiples ofertas para satisfacer sus necesidades de recreación, entre muchos otros. Si a esto se agrega la restricción del espacio, las dificultades económicas y, en general, la gran cantidad de demandas y tensiones a las que tienen que enfrentarse los habitantes de las grandes urbes, se encuentran razones más poderosas y complejas que la presencia de la televisión para explicar el por qué de la "pérdida" de la comunicación en la familia moderna.

¿Qué vamos a ver?

La toma de decisiones con respecto a la televisión se expresa a través de lo que Leichter y colaboradores han llamado "ritual de los episodios de la televisión". El conocimiento de este ritual permite comprender cómo se da esa dinámica en cada familia, ya que algunos miembros tienden a prender la televisión más que otros y pueden considerarse como los iniciadores, en contraste con los no iniciadores. De esta manera, el miembro de la familia identificado como el iniciador, suele ser también el líder en otras áreas.

Con relación a lo que vamos a ver, pareciera una decisión fácil, pero en realidad son complicadas formas de comunicación interpersonal que comprenden relaciones del estatus interfamiliar, el contexto temporal, el número de aparatos disponibles y normas acordadas. La familia, como cualquier otro sistema, funciona de acuerdo a ciertas normas que garantizan su funcionamiento y sirven para establecer límites. La exposición a la televisión se hace bajo ciertas pautas que rigen su funcionamiento y al mismo tiempo permite que la familia ejerza control sobre sus miembros.

Es posible trazar un continuo en relación con las normas, que va desde la familia "laissez-faire" a la familia "autoritaria". El primer tipo se caracteriza por normas muy flexibles o la ausencia de ellas, permitiendo que cualquier miembro de la familia haga uso de la televisión indiscriminadamente. En el otro polo se ubican familias con normas que deben ser respetadas estrictamente.

Familia y comunicación

La comunicación en la familia puede enriquecerse o empobrecerse a través de la exposición de la televisión, dependiendo del estilo de vida de la familia y las circunstancias. En algunos hogares la televisión permanece prendida tanto tiempo como pasa la familia en actividad, pero la comunicación de la familia no parece verse alterada por este hecho. Por el contrario, en algunas circunstancias lo que hace es incrementarla, algunos programas de interés para el grupo propician la invitación a que otros miembros de la casa se acerquen y comenten sobre lo sucedido en episodios o capítulos anteriores, o sobre lo que esté ocurriendo en la pantalla en ese momento. Por lo general, las mujeres y los niños hacen del ver televisión una oportunidad para comunicarse, mientras que los hombres son más silenciosos.

La existencia de un solo televisor en el hogar, contribuye a que el ver televisión sea una actividad compartida, lo cual promueve, además de oportunidades de conversación, el contacto físico entre los miembros de la familia. Cuando una familia decide colocar un televisor en cada una de las habitaciones de sus miembros, implícitamente está pautando el aislamiento entre ellos y cuando uno cierra la puerta o usa audífonos está indicando, sin hablar, que no quiere comunicarse con los demás. En ocasiones, el ver televisión produce un contacto físico que no se observa en otros momentos. Pero, así como la televisión puede generar comunicación de cualquier tipo entre los miembros de la familia, puede interrumpirla. Afirma el especialista Leoncio Barrios: "El ver televisión puede ser una excusa para hablar sobre temas particulares, evitando comunicaciones más profundas o regulando las conversaciones en la familia".

Televisión y aprendizaje

Se ha demostrado que "la gente aprende por la televisión" y ésta puede afectar diferentes áreas del televidente: Cognitiva, emocional o conductual. Los psicólogos Bandura y Walters, a finales de la década de los setenta, investigaron los efectos de la exposición a conductas violentas. Sus resultados expresan que los niños participantes en sus experimentos tienden a repetir la conducta de los modelos, pocos minutos después de haberla observado. Este hecho se ha convertido en una poderosa evidencia acerca de los riesgos de la exposición a determinados contenidos de la televisión, particularmente aquellos que responden a conductas antisociales. Sin embargo, desde la década de los ochenta, algunos investigadores se han dedicado a explorar el potencial de la televisión cuando presenta actos pro sociales, bajo el supuesto de que si es posible aprender "lo malo", también es posible aprender "lo bueno". Autores como Bryan y Walbek respaldan esta tesis. Ellos estudiaron la influencia de conductas cooperativas televisadas en niños de edad escolar, y encontraron que aquellos que observaron conductas altruistas imitaron esas conductas, asimismo Stein y Friederich han hallado, con respecto al aprendizaje de conductas no agresivas, que al observar a los modelos "pacíficos", los niños aprenden a autocontrolarse.

De manera que los problemas de la comunicación familiar suelen ser causados por múltiples factores, tanto intra como extrafamiliares. En todo caso, afirma Barrios, cuando la televisión se convierte en un recurso frecuente para evitar o interrumpir la comunicación en la familia, esto debe interpretarse como un síntoma de desequilibrio en el sistema familiar como un todo y no como una conducta aislada. Pero la televisión también es una oportunidad para el encuentro familiar, "el ver televisión es un hábito conveniente cuando se realiza en grupo".

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La Separación y el Divorcio,
Cuando no hay mas Remedio.

Para nosotros, los psicólogos, la separación y el divorcio son alternativas por las cuales puede pasar la pareja en un momento dado de su vida. Lamentablemente, existen circunstancias que, en ocasiones, escapan al control emocional y racional de los cónyuges y la separación y/o el divorcio, se convierten en herramientas que pueden evitar un mal mayor.

Fomentamos la familia y procuramos resolver los problemas de pareja que puedan conducir a una separación, sin embargo, existen sin duda circunstancias que obligan al terapeuta familiar a considerar, en ocasiones, estas posibilidades.

Las dimensiones del problema a nivel psicológico

En los Estados Unidos, uno de cada dos matrimonios se divorcian. En Inglaterra y Francia, uno de cada tres. Ejemplos que son significativos de cómo el divorcio avanza en los países desarrollados. Más del 40% de los niños de estos países, vivirán con sus padres durante su primera etapa de la niñez y -luego de un divorcio- con uno de sus padres y su nueva pareja, en la segunda etapa de su vida.

La intensidad de las emociones, el dolor, las ofensas, el rencor y otros sentimientos provocan un daño profundo en la pareja difícil de recuperar. Por otro lado, la victimización de los hijos atrapados en la "batalla conyugal", produce deterioros psicológicos irreparables en la psiquis de los menores.

En el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Michigan se encontró que los hijos de divorciados eran tratados en una proporción de dos a uno con la población general. Estos niños sufrían, en la mayoría de los casos, síntomas asociados a la falta de control en la agresión. En los más pequeños, la agresividad era contra los padres separados y los hermanos. En los mayores, ya adolescentes, el problema tomaba forma de actos antisociales y de delincuencia, así como alcoholismo y adicción a las drogas.

En los casos de las hijas de divorciadas adolescentes se encontró frecuencia de promiscuidad sexual, en mayor proporción que las hijas de matrimonios no divorciados.

Otros autores han enfatizado la importancia de la depresión en el cuadro clínico de los niños de padres divorciados. En una investigación, también en los Estados Unidos, entre niños tratados como pacientes psiquiátricos ambulatorios de depresión media y severa, un alto porcentaje de la muestra era de niños de padres divorciados.

En un estudio de seguimiento de una muestra nacional de 5.362 niños nacidos en la misma semana de 1946 en Inglaterra, se encontró que el 36.5% de los hombres cuyas familias se habían visto afectadas por un divorcio o separación antes de los cinco años, sufrían algún tipo de psicopatología o falta de ajuste social y fueron hospitalizados antes de los 26 años por enfermedades psiquiátricas de tipo afectivo o por úlceras gástricas, colitis o se hicieron delincuentes hacia los 21 años, comparados con el 17.9% de los hombres provenientes de familias no divorciadas. En este mismo estudio de Wadsworth, Pekham y Taylor (1985), también se encontró que el 26.3% de las mujeres cuyas familias se rompieron antes de los 5 años, fueron hospitalizadas por enfermedades psiquiátricas o por úlceras gástricas, colitis o se hicieron delincuentes hacia los 21 años o se separaron o divorciaron antes de los 26 o tuvieron hijos ilegítimos, comparadas con el 9.6% de las familias que no sufrieron divorcio.

El 29% de los hombres cuyas familias se rompieron antes de que cumplieran 16 años, sufrieron antes de los 26 años, problemas psicopatológicos o de inadaptación social o se divorciaron o separaron antes de los 26 años, comparados con el 18% de los hombres de familias intactas.

El 21% de las mujeres cuyos padres se divorciaron antes de los 16 años, hacia los 26 sufrieron lo mismo que los hombres o tuvieron hijos ilegítimos, comparadas con el 10.1% de las mujeres de familias no divorciadas.

También en este interesante estudio longitudinal se demuestra que los hombres de familia de clase social trabajadora, hijos de padres divorciados, a la edad de 26 años, ganaban de forma significativa menos ingresos si se los comparaba con los hombres de familia no divorciados.

Igualmente encontraron que los hijos de ambos sexos, de padres separados, tenían una vida académica significativamente menor que sus pares de familias no divorciadas.

Es de hacer notar que los hijos de padres fallecidos tenían poca repercusión en la diferencia en los logros académicos de hijos de padres no divorciados, lo que demuestra que el divorcio impacta aún más psicológicamente que la muerte que los seres queridos.

Los hallazgos indican que la separación y divorcio de los padres, tienen un considerable perjuicio sobre la vida de los hijos que se expresa en patologías psicológicas, inadaptación social, menores logros educativos en ambos sexos y menores logros económicos en hombres.

Ahora bien, lo que tendríamos que preguntarnos es si el daño lo provoca la ausencia de uno de los padres o el propio trauma del divorcio. Si observamos que el daño en los hijos de padres fallecidos no es igual al de los hijos de padres divorciados, podríamos concluir que más que la falta de uno de los padres es posiblemente los elementos que componen la crisis del divorcio lo que traumaría irreversiblemente a los hijos.

La mayoría de los divorcios están precedidos por meses o años de disputas, ofensas, desamor, peleas, desilusiones y frustraciones.

En un primer lugar, las parejas comienzan con provocaciones mutuas, con trato y vocabulario hostil y episodios de gritos y de abuso físico verbal.

Allí los niños quedan amedrentados por las escenas, sin saber qué hacer y se sienten desorientados, impotentes y tristes por la falta de control de sus padres. Además los padres tienden a pedirles solidaridad a los hijos -cada uno por su lado- generándoles graves conflictos de decisión.

Posteriormente, si la pareja no logra manejar los conflictos y comienzan un proceso de divorcio, inician un período de enfrentamiento por distintas razones, sean por rencor, rabia o por la división del patrimonio conyugal. En esta fase se intensifica la hostilidad, el deseo de daño de uno al otro. Surge el odio, la amargura y a veces hasta el deseo de venganza.

En esta etapa, la mayoría de las parejas piensa que quitándole los hijos el uno al otro ganan la pelea, sin darse cuenta que le están haciendo un gran mal a la psiquis de los muchachos.

De manera que, cuando la pareja se plantea un divorcio y no hay más remedio, hay que tomar en cuenta todo lo expresado y procurar el mayor esfuerzo en que no se generen tantos problemas. Aunque parezca difícil, el divorcio o la separación debe ser acordada hasta donde se pueda y negociada. El terapeuta familiar en este momento puede jugar un gran papel, al ser el referee psicológico para juzgar lo que el juez legal no puede resolver.

La separación

El Estado defiende la institución familiar y por ello no es fácil divorciarse, tanto como sí lo es casarse. Por esta razón se instituyó el status de separación, como fase intermedia entre el matrimonio y el divorcio. El legislador buscaba que esta etapa funcione como un período de reflexión y de reconciliación entre los miembros de la pareja afectada.

La experiencia nos demuestra que una separación acordada con asistencia psicológica, en buena proporción, permite el reencuentro de la familia y en el peor de los casos, si se llega al divorcio, los hijos sean menos afectados.

La separación, por ello, es importante porque es un período de adaptación a la nueva vida, porque se avanza a una relación de pareja mejor -aunque sea la misma pareja- y permite, sobretodo, que los hijos se adapten a la nueva realidad.

Las causas

En anteriores semanas hemos analizado los problemas que pueden deteriorar el amor de una pareja. Recordemos algunos de ellos: El advenimiento del primer embarazo, cuando es producto de una gestación no deseada, la insatisfacción sexual, la falta de comunicación o la comunicación negativa, el tránsito del amor pasional al amor maduro, la distribución de las tareas del hogar, la intervención de la familia de ambos cónyuges en su vida, la infidelidad y los celos, el problema de los "amigos de él" y los "almuerzos de ella" y los problemas económicos.

De acuerdo a la Ley, son causales de divorcio el adulterio, el abandono voluntario, los excesos, injurias graves que hagan imposible la vida en común, el conato de uno de los cónyuges para corromper o prostituir al otro o a sus hijos, así como la connivencia en su corrupción o prostitución, la condenación a presidio, la adicción alcohólica u otras formas graves de farmacodependencia, la interdicción por causa de perturbaciones psiquiátricas graves. Igualmente la Ley prevé que se podrá declarar el divorcio luego de declarada la separación de cuerpos y haya transcurrido un año, o cuando los cónyuges hayan permanecido separados, de hecho, por más de cinco años.

Desde un punto de vista humano, en Venezuela podemos señalar como causales de divorcio distintas razones de índole personal, social, moral, religiosa, económica o estrictamente psicológicas. La experiencia demuestra que una de las primeras causales de divorcio que se plantea en la práctica de la Psicología Clínica, es que la pareja no se conocía bien antes de casarse. En muchas oportunidades el novio y la novia, durante la etapa prematrimonial, tratan de hacerle ver a la otra parte que ellos son como se supone que quiere la pareja que sea; y no se muestran como en realidad son. En los noviazgos cortos, las parejas no tienen tiempo real de conocerse y cuando se casan pueden encontrarse que lo han hecho con una pareja que dista mucho de ser el ideal que tenían como lo que debería ser su cónyuge. Esta causa, que es fundamental desde nuestro punto de vista, conlleva al segundo motivo de consulta, como lo es la presencia del "otro" o la "otra".

La mayoría de los problemas en la pareja recién casada, se fundamentan en la falta de conocimiento de ellos mismos.

En menor grado aparecen otra razones, tales como problemas de cambio de personalidad, trastornos psíquicos, problemas de alcoholismo, de drogas, desavenencias en la educación y otros.

¿Y con los hijos qué?

El principal problema que tienen los hijos cuando surge la separación o el divorcio, es que los padres incurren en una serie de conductas erróneas para con ellos. Los padres no deben utilizarlos como "espías" para que les informen qué está haciendo el otro cónyuge, o como "corre ve y dile" o "mensajeros" para comunicarse entre ellos. Los padres no deben presentar reacciones agresivas contra sus hijos para vengarse de la pareja. No deben amenazar a la pareja en el sentido de que si se divorcian le harían un daño tremendo a los hijos para tratar de evitar la separación. Luego, al producirse el divorcio, los padres no deben quedar resentidos con sus hijos. Luego del divorcio, no deben existir conductas inapropiadas contra los hijos, tales como el abandono afectivo por parte del padre que no tiene la custodia o sobreprotección por parte de quien la tiene. No se le debe presentar al hijo una nueva pareja antes que él esté en capacidad de asimilar ese impacto. Todos estos comportamientos provocan conductas profundamente obstaculizadas en la evolución psicológica de los niños. Investigaciones revelan que los hijos de padres divorciados presentan menor autoestima que los de matrimonios constituidos. El divorcio es el más grande stress que un niño pueda soportar como hemos visto. Los niños perciben la muerte de un padre de manera más natural que un divorcio. Los hijos de divorciados necesitan más tratamiento psicológico que los de los no divorciados. Las consecuencias de una conducta inadecuada de los padres cuando se divorcian puede ocasionar ansiedad, miedo, inseguridad, sentimientos ambivalentes y diferentes trastornos de conducta. De manera que si una pareja se encuentra en proceso de divorcio, debe tener en cuenta:

1º El problema es con su pareja, nunca con sus hijos.

2º La única forma en que sus hijos no sufran durante la separación o divorcio es que los padres estén plenamente conscientes de que deben explicarles claramente la situación a ellos y decirles que, independientemente de la decisión que tomen, ambos cónyuges seguirán queriéndolos y ayudándolos.

3º Si no hay más remedio que el divorcio, siempre será preferible una separación amistosa que una conflictiva, por el bienestar y seguridad de los hijos y de la propia pareja.

4º Hay que hacer un gran esfuerzo para superar el rencor y la rabia, pero es indispensable por el bien de todos.

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