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Santa Rita de casia... Abogada de Imposibles....   

R I T A    N I Ñ A

 

   
     
         

La infancia de Rita estaba llena de narraciones sobre la vida de los santos, héroes y mártires cristianos. La mamá la llevaba con frecuencia a las iglesias de Casia. Allí cada altar tenía su santo, cada pared  su  historia narrada  en imágenes  pintadas  al   "fresco"   cada  vitral  sus episodios bíblicos,  narrados  con  el color y la luz.  Rita  había  adquirido  desde  niña  una  gran  familiaridad con los santos que llenaban, entonces como ahora, el calendario.

Alguna vez la mamá la sorprendió  acurrucada  en  un  rincón de  la  habitación  " dialogando"  con  sus tres amigos: San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentino. Ella para repetir lo que había visto en la iglesia prendía una  vela,  la colocaba  entre  dos  vasos  llenos de flores y se inclinaba varias veces haciendo  un  gesto  de  adoración. Pero  esto  no  siempre era grato a los ojos de su madre quien se lo impedía preocupada por aquel extraño silencio.

 

   
     
   

      EL NACIMIENTO DE RITA

No hay que pensar que el nacimiento de los santos va acompañados de circunstancias extraordinarias. No se nace Santo, se llega  a serlo. Rita nació en el remoto 1381 como todos los niños de su tiempo; entre algún lamento de su madre, la espera impaciente del papá, mucha agua hervida en el fogón y algo que no podía faltar: los acostumbrados pañales.

Narra la leyenda, que pocos días después del nacimiento, mientras la niña dormía, unas abejas entraban y salían de su boca. El episodio ciertamente poético, es también fruto de la devoción popular que ha querido dar a la pequeña una señal de su predestinación a la santidad pero una destinación más evidente para rita fue aquella de tener padres cristianos convencidos y de haber recibido de ellos el incomparable
don de la fe.

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Las velas encendidas en la penumbra, los vitrales de variados colores, los rostros y las manos de los santos, todo allí habla de una presencia misteriosa. Luego de la recitación de los salmos, el silencio es aún más profundo en las naves de la Iglesia. Todos están esperando con la con la respiración en suspenso, al famoso predicador franciscano Santiago de la Marca. Y ahí está, efectivamente. Con la cabeza levemente las manos escondidas bajo el hábito, los pies descalzos.

Rita se encuentra emocionada y quisiera acercarse para ver a aquel hombre de Dios, pero él sube enseguida al púlpito y empieza a hablar.

      RITA ESCUCHA UN SERMÓN


Empieza a amanecer. El cielo aún conserva algunas de las nubes grises que desde la tarde anterior se habían posado sobre los techos de casia como un manto misterioso. Rita, a la primera señal de su mamá, abre los ojos y se baja de la cama rápidamente; no quiere perder, por ningún motivo, las ceremonias del viernes Santo que comenzarán a las ocho de la mañana y concluirán a las tres de la tarde con la adoración de la La mamá ha bajado a recoger un poco de leña para calentar el agua. Rita ya sabe lo que debe hacer: empieza a llenar de agua la caldera de que está suspendida bajo la chimenea. Faltando solamente media hora para las ocho, las dos Mancini salen de casa y se dirigen a la Iglesia de San Agustín. Allí dentro hace frío.

 

 


Rita no entiende todo lo que el hermano predicador dice a los fieles, pero observa como poco a poco se va dibujando en sus rostros una gran compasión por las humillaciones inflingidas a Nuestro Señor. Algunos lloran, otros buscan, con la mirada, a algún sacerdote para confesarse y otros miran al Crucifijo del altar mayor arrebatados en un diálogos sin palabras. Cuando terminó el sermón, Rita no se había dado cuenta del tiempo. Su mamá, mientras tanto, le hizo señas de que debían marcharse. Las calles de Casia empiezan a mojarse por la lluvia que cae suavemente y sutil como el llanto.

   
     

 

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Maracaibo, estado Zulia - Venezuela