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RITA COMO ESPOSA Y MADRE

 

   
         
   

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LA MUERTE DEL MARIDO


Era una de esas noches oscuras, tan oscuras que hasta los mismos lobos habrían tenido miedo de rondar por las calles de Casia.


Las personas más ancianas contaban, por el gusto de ver asustados a los niños, por el gusto de ver asustados a los niños, que en otro tiempo habían bajado de la montaña y habían llegado "hasta la plaza". Pero quien en verdad temblaba aquella noche era Doña
Rita Mancini, esperando la llegada de Fernando su marido. Las campanas de la torre ya habían dado las primeras campanadas de la noche. Eran las 11, una hora peligrosa para estar por la calle.

El marido de Rita pertenecía a un partido bastante fuerte entonces: el de los Guelfos, formado por un grupo de familias poderosas.

 

   
         
   

     

DEL NOVIAZGO AL MATRIMONIO

Rita no se libró de las miradas de los jóvenes cuando dejó las ropas de niña para vestirse de señorita. Sin embargo, no le importaba saber cuál sería su novio entre los fogosos jóvenes de Roca Porena. En ella latía otra aspiración: sentía gran fervor por las cosas de Dios.

¡Cuánta atracción ejercía en ella la Iglesia, el canto de los salmos, las campanas, el olor a incienso! Y nadie se extrañaba al
verla tan aficionada a estas cosas ya que ello era común en la vida de las muchachas de Casia. Rita, por su parte no se preocupó de comunicar estos sentimientos a nadie, ya que a ella le parecían cosas muy naturales. ¿Quién era en realidad su madre sino una especie de monja de clausura consagrada para siempre al marido y al hogar? Solamente salía de casa para ir a la misa o al mercado.

Por esto rita no se preocupaba mucho de los jóvenes de Roca Porena y menos aún de los de Casia; su corazón estaba interesado en un sueño diverso al que ni siquiera ella misma sabía darle un nombre. Pero, sin embargo, eso no era impedimento alguno para que los jóvenes se interesasen por ella. De hecho, entre éstos tantos jóvenes había uno que no dejaba de mirarla
ni siquiera cuando el sacerdote levantaba la Hostia durante la Misa Solemne del Domingo. Rita, sin embargo, no se dio cuenta de nada hasta el día que su madre le confió que un muchacho de nombre Fernando Mancini, había pedido oficialmente su mano.

   
         
   

      Del otro bando estaban los Gibelinos, no menos poderosos y poco dispuestos a dejarse suplantar. Ya se habían sucedido altercados y amenazas de parte y parte y no pocas veces se había llegado hasta el derramamiento de sangre en feroces peleas que
que habían enlutado precisamente a las mejores familias y a las menos vengativas. ¿Nos tocara ahora a nosotros?, pensaba Rita asomándose a una y a otra de las ventanas de la casa. Quería alejar aquel pensamiento que la tenía angustiada desde hacia ya varias noches. Oraba.

Sus dos hijos dormían o fingían hacerlo ya que de vez en cuando los oía hablar bajo. ¿ O era el viento que soplaba por entre las hendiduras de la gran puerta de encima?. Empezó de nuevo a orar: "Dios mío, haz que regrese pronto, porque esta noche...  Su angustia fue interrumpida por pasos en la calle y luego por pasos precipitados en la puerta de entrada: "¡Rita! ¡Doña Rita! corred... vuestro marido yace al pie de la torre!".
   
         
      Rita lo comprendió todo, no necesitaba explicaciones; sin saber cómo; se encontró en la calle con una linterna en la mano. Sus hijos se habían enterado antes que ella de los sucedido y se habían precipitado por las escaleras ansiosos por llegar antes. Ella quiso detenerlos con sus pequeñas manos y no lo habría logrado a no ser por la ayuda que le prestaron sus vecinos prontamente. Mientras tanto, la gente se había aglomerado; venían a preguntar, a gritar, a ayudar y también a crear confusión. Dos hombres y una mujer quisieron acompañar a rita hasta la Torre cuando ya no había nada que hacer: la sangre corría abundantemente. No se sabe si Rita logró recoger de labios del moribundo alguna palabra de perdón para sus asesinos. De inmediato Rita fue rodeada de nuevo por la gente, hubo guardias, enfermeros y hasta un cura que había sido llamado en último momento.

 
corazón llorando.
      Los hijos de Rita no estuvieron presentes en aquella trágica escena. Parece ser que la madre escondió la camisa manchada de sangre de su marido para evitar que ellos se animasen entre sí y vengasen la muerte de su padre.

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