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  ADIÓS AL PASADO:
Los primeros meses de permanencia en el Monasterio fueron de mucho entusiasmo. Rita se sorprendía cuando, con el balde lleno de agua, cantaba mientras subía las escaleras que del patio conducía a su cuarto. Todo le parecía bello: las flores del jardín trepaban por las columnas del Kiosco, las golondrinas con su incesante gorgojeo revoloteaban entre el cielo abierto y los nidos bajo los techos; el humo de los campos se levantaba como un velo azul y transparente. Todo le parecía bello porque era
 feliz. Pero llegaron los días de la prueba. Entonces se extendió un velo pesado sobre todas aquellas cosas que ella amaba y que ni siquiera los rayos del sol lograban disipar. ¿En qué pensaba? En las personas queridas desaparecidas para siempre: los papás, el marido, los hijos y también en aquellos que sin estar muertos vivían lejos de allí: los parientes, los vecinos.
   

 

 

     

Una gran nostalgia pesaba e invadía el corazón de Rita. Quería hablar de esto a la Superiora, a las hermanas, pero en el momento de abrir su corazón no lograba. El Señor callaba. Rita pasó varios días con aquel peso en su corazón hasta que una tarde, mientras se encontraba en la Iglesia con las hermanas, logró liberarse de aquellos recuerdos que la atormentaban. No volvería a pensar en aquellas tristezas, en el marido, ni en los hijos, ni es sus padres ni en sus vecinos. "Para mí comienza una nueva vida".

San Francisco de Asís despojándose de todo, había empezado una nueva vida desnudo, pobre y feliz. Así también se siento Rita y gustó la paz del corazón. De nuevo era libre y feliz. Le dieron ganas de cantar... y así lo hizo uniéndose a las hermanas quienes en aquel preciso momento entonaban el "Magnificat" : Mi alma engrandece al Señor...

   

 

 

  UNA HERMANA DIFÍCIL:
- Hermana, UD. Siempre deja algo en desorden. Quien le decía esto, con la voz alterada por la ira, era Sor Conchita que  atravesaba el jardín con el breviario en la mano. Rita no se turbó al oír aquella voz bastante conocida por demás y se apresuró  a mover la carretilla que usaba para recoger las hojas secas.


- Buenos días, Sor Conchita, le dijo con el brío de siempre mientras la otra sin darle respuesta proseguía su camino con paso  acelerado y nervioso. ¡Qué bello es vivir en Comunidad cuando las personas se aman! Se aprovecha todo encuentro para  dirigirse un breve saludo mostrando interés por lo que el otro está haciendo. Pero Conchita tenía otra manera de ser: pocas palabras y a menudo buscas, raros los saludos y frecuentes los reproches. Rita, sin embargo, se esforzaba por comprenderla y  excusaba las manifestaciones de aquel extraño carácter.

"Quizás habrá dormido mal esta noche... o tal vez pensará que es mejor manifestar la propia ira antes de reprimirla. Como quiere que fuese no debo disgustarme por ello". Sor Conchita no perdía la ocasión para demostrar a todas su mal carácter. Pero Sor Rita  no se desanimaba: estaba convencida de que el silencio, la calma y alguna sonrisa sincera habrían de triunfar. Solamente esperaba  una ocasión propicia para demostrarle que, no obstante todo, podía encontrar en ella una verdadera amiga.

     

 

 

 

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Maracaibo, estado Zulia - Venezuela