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V. LAS FLORECILLAS |
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INICIO INTRODUCCIÓN RITA NIÑA RITA ESPOSA Y MADRE RITA VIUDA RITA MONJA LAS FLORECILLAS RITA MÍSTICA RITA INSTRUMENTO DE DIOS NOVENA A SANTA RITA DE CASIA ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS |
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1) LA VISITA A LA ENFERMA:
El marido permanece en la puerta esperando: quisiera irse al trabajo. - Ahora me quedo yo con María, Francisco, le dijo la monja con tono seguro, luego de haberlo saludado. El, visiblemente consolado, se dirige rápidamente a la oficina en donde lo esperan los empleados. Ya en casa Rita se pone a trabajar: llena de agua la caldera grande, aviva el fuego y espera. La enferma parece despertarse solamente ahora, de un sueño más de debilidad que de verdadera necesidad de dormir.
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- ¿Cómo está, María?, le pregunta Sor Rita
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2) DE GANCHO CON EL BORRACHO:
Pero hay algunos que, aunque tengan vino, no tienen compañía y entonces "se escapan" antes y al atardecer ya están borrachos. Precisamente, una tarde del lejano 1437, Rita se encontró con uno de estos borrachitos. Asustada, apuró el paso hacia el Monasterio mientras el borracho, luego de intentar apoyarse en la pared, cayó al suelo pesadamente. Preocupada Rita por esa caída se volvió y se le acercó. - Una hermana... dijo el hombre abriendo los ojos de par en par, y se echó a reír. Mientras Rita trataba inútilmente de levantarlo, el borracho cambiaba de humor: de alegre se había vuelto triste: No te vayas, repetía como un niño llorón. La noche había avanzado y Rita no se iba. Su amigo había comenzado a contarle desordenadamente su vida: su mujer había muerto, él había perdido el trabajo por el vicio de la bebida, los hijos estaban en Roma y le habían olvidado. Una historia contada entre sollozos que Rita escuchó con amor, animando al pobre hombre como podía. Luego de varios intentos, logró ponerlo con la espalda apoyada a la pared y se sentó a su lado.
Fue así como la encontraron dos hombres que entraban a Casia por la
carretera de Nursia. Su tarea había terminado; ellos continuarían aquella
obra de misericordia con brazos más fuetes y palabras menos delicadas.
Trepando por la callejuela que lleva al Monasterio, Rita pensaba que en la
debilidad de los hombres existe con frecuencia la soledad. - Quiero hablar con la Madre Superiora, Respondió el hombre con un tono que, para vencer la timidez, sonaba imperioso.
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- Está afuera, puedes hablar conmigo. - Necesito diez escudos, añadió aquel con un gesto de angustia; sabía que estaba pidiendo mucho. - ¿Para qué los necesitas?, preguntó Rita maravillada por el monto de la suma. - Para comprar una medicina.
Tengo a mi hermana enferma y tampoco yo me siento bien... toque aquí mi
cuello y se dará Ud. cuenta cómo quema.
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Maracaibo, estado Zulia - Venezuela
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